viernes, 30 de octubre de 2015

“Lady sings the blues” de Billie Holiday

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Foto: casadellibro.com
Hubo un periodo de mi vida en el que dos mujeres, sus voces, acompañaban mis duermevelas, los viajes en autobús, los momentos en los que deseaba estar solo. Su arrullo me llegaba a través de un auricular conectado a dos instrumentos hoy prehistóricos: un viejo walkman y un reproductor de cedés portátil que llevaba en bolsillo interior de la chaqueta. Una era Chavela Vargas y otra Billie Holiday. Dos artistas que hurgan en la herida, la palpan, arropan al que está triste y se siente desgraciado pero no calman su zozobra: la comparten. Como todos, fui quemando etapas. El mp3 jubiló aquellos armatostes, el silencio fue ocupando cada vez menos espacio en mi vida y el aura de Chavela y Lady Day se fue apagando, sus voces de sirena dejaron de resonar en mis oídos. En tierra firme, lejos del naufragio, solo recurría a ellas en contadas ocasiones. Pero no puedo dejar de agradecerles que compartieran y sobre todo canalizaran mi angustia de aquellos días, expresándola y dándole una forma tan arrebatadamente bella. Les reservo el mismo hueco en mi corazón que a las personas que he conocido y amado.

El caso es que hace poco olisqueaba, como cualquier adicto a la lectura, entre las cinco o seis estanterías que componen la biblioteca de mi pueblo y acabé en la sección de biografías. Allí estaba García Márquez con Vivir para contarla y al sacar el grueso tomo, detrás, el pequeño libro de Billie Holiday. Decidí dejar a Gabo para otra ocasión y rescatar a Lady Day de su ostracismo.

Lady sings the blues son las memorias de Billie Holiday, nacida Eleanora Fagan Gough. Poco más de doscientas páginas en las que ayudó a darle forma su amigo y pianista William Dufty, según reza en la contraportada. Ninguna otra información ofrece la edición de Tusquets. No hay un estudio introductorio donde nos cuente cómo se gestó la obra y qué puede encontrar (y qué no) el lector, un epílogo qué nos explique lo que fue de Lady Day después (el libro acaba en 1956 y ella murió en 1959), un apéndice con la letra de sus principales canciones, traducidas al castellano. No hay notas al pie de página con aclaraciones. Por no haber, no hay ni una foto. La única en la solapa y de ínfima calidad. Con este atrezzo el libro ganaría muchos enteros y estaría a la altura de su autora. De la misma manera que al final se incluye una discografía selecta, ¿por qué no hacer un verdadero esfuerzo? También echo de menos una línea del tiempo, una simple cronología con los hitos más destacados de su vida que el lector pueda consultar, porque a veces uno se pierde. Dudo que nadie de Tusquets me lea, pero aprovechando que este año es el centenario de su nacimiento podrían intentar una edición más cuidada.

Billie Holiday y su perro Mister, que también tiene un hueco en esta autobiografía
(Foto; drugstoremag.es - Pinterest)
¿Y entonces qué se puede encontrar en Lady sings the blues? Pues a Billie Holiday relatando su vida. Con voluntad de cronista, sin adornos ni aditamentos. Respetando en cierta medida un orden cronológico aunque se permite algunas digresiones y la mención de artistas, ciudades, clubs y teatros puede llegar a marear un poco. Una vida terrible, pero que nadie espere un tono de autocompasión. Billie no quiere dar lástima, simplemente relata, expone: así fueron las cosas. Con fatalismo  y un punto pesimista.

El inicio es tan descarnado como contundente: “Mamá y papá eran un par de críos cuando se casaron. El tenía dieciocho años, ella dieciséis y yo tres”. No fue fácil la vida de Eleanora Fagan. En realidad, fue un infierno. Nació en 1915 en Baltimore. Su madre tenía, efectivamente, trece años. Trabajaba de criada y fue despedida en el acto al conocerse la noticia de su embarazo. Pero según Holiday “Sadie Fagan me quiso desde que yo solo era un suave puntapié en sus costillas”. Su padre era guitarrista de jazz (de él heredó el sobrenombre de Holiday) y pronto les abandonó. El primer jazz (Louis Armstrong y Bessie Smith) lo escuchó en la vitriola de un burdel. 

En el libro Lady Day nos cuenta la manera fortuita en la que se inició su carrera musical. Eran los tiempos de la Gran Depresión. Una noche, tras recibir la orden de desahucio, Holiday salió desesperada a buscar trabajo. Finalmente consiguió una audición para un puesto de bailarina en un club nocturno, pero fue un desastre. Sin embargo, el pianista se apiadó de ella y le invitó a cantar, por probar. Así comenzó todo. Nadie lograba etiquetarla, porque poseía un estilo propio, arrastraba la voz, una voz que desprendía nostalgia y melancolía. Ella misma dice: “si descubres una melodía y tiene algo que ver contigo… la sientes… y cuando la cantas los que te oyen también sienten algo”. Tanto se involucraba en la interpretación que afirma  “algunas canciones me llegan tanto que no soporto cantarlas”.


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Billie Holiday en 1948
(Foto de William Gottlieb en www.drugstoremag.es)
Las reflexiones, aunque no demasiado abundantes, son muy jugosas. Por ejemplo, sobre la creación artística dice: “todos tienen que ser diferentes. Si copias, trabajarás sin verdaderos sentimientos. Y sin sentimientos todo lo que haces equivaldrá a nada” “en toda la tierra no hay dos personas idénticas y lo mismo tiene que suceder en música, de lo contrario no será música”.

El testimonio del racismo y la segregación sobrevuelan muchas de sus páginas, un escollo que ni siquiera su condición de estrella podía superar. Los problemas debido a su color de piel (a veces porque no es lo suficientemente oscura, ya que tenía sangre irlandesa) se repiten invariablemente. No es admitida en los hoteles, levanta suspicacias en los locales cuando tiene que actuar con músicos blancos, se ve envuelta en trifulcas en bares, restaurantes, etc. 

El aficionado podrá conocer de primera mano como se gestaron algunas de sus canciones míticas. Por ejemplo “Strange fruit”. Sobre ella dice “todavía me deprime cada vez que la canto… pero tengo que seguir cantándola porque las cosas que mataron a papá siguen ocurriendo en el sur" y “cantarla me deja sin fuerzas”. 

                           

Me parecen unas memorias honestas, sinceras y auténticas. La prueba es que no esconde ni minimiza sus problemas con el alcohol y otras drogas, aunque no llega a ser del todo explícita (supongo que por el contexto en el que fue escrita). No deja por supuesto de criticar la doble moral y la corrupción de la policía y el sistema judicial “cuando estaba enganchada nadie se metió  conmigo… no me persiguieron hasta que hice un esfuerzo sincero por salirme”. Sobre la relación entre droga y creatividad es tajante “si crees que se necesita droga para interpretar música o cantar, desvarías”Describe también sus estancias en prisión, donde se negaba a cantar y afirma en tono lapidario:  “mi canto se basa en los sentimientos y en todo el tiempo que estuve allí, no sentí absolutamente nada”. 

En definitiva, Holiday era pura expresividad, palpable en sus grabaciones, no me quiero ni imaginar en vivo durante sus buenos tiempos. “Me han dicho que nadie canta la palabra hambre como yo. Ni la palabra amor. Tal vez yo recuerde lo que quieren decir esas palabras”.  El libro está claro que gustará a los devotos de la cantante (aunque les irrite la paupérrima edición), muchas anécdotas son de sobra conocidas y otras no tanto. Respecto al lector menos interesado en el mundo del jazz y el universo de Holiday, podrá encontrar el retrato de una época y el alma de una artista irrepetible, también las virtudes y limitaciones de toda autobiografía. No me puedo resistir a incluir mi pieza favorita, una de las canciones que mejor expresan el desamor y el dolor de sentirse engañado: "Don´t Explain".

                                           

24 comentarios:

  1. Devotos de la cantante como yo, Gerardo. Hace tiempo que tengo pendiente este libro y me lo acabas de recordar.

    bsos!

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    1. Entonces seguro que te gusta. A mí al menos me sirvió para volver a escucharla, porque la tenía un poco olvidada. Al final me he tenido que cortar bastante para no incluir canciones y canciones...
      Un abrazo.

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  2. Excelente recomendación pero se te olvidó comentar que el mejor modo de disfrutar de la lectura es darle al play al álbum "Lady in Satin". Es imposible no conmoverse. Lo leí hace tiempo y es impresionante constatar, página tras página, como la tragedia se cebó con ella. Nunca he podido olvidar esta última imagen de la vida de mi admirada y querida Lady Day.
    Un abrazo

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    1. Buena recomendación Marybel. Ese álbum creo que fue el último que grabó, estaba bastante deteriorada, un hilo de voz pero pura expresividad. Aunque era un talento natural, creo a pie juntillas en sus palabras cuando dice que hay que hacer las cosas con el corazón y de hecho, en ella es lo que marca la diferencia.
      Un abrazo.

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  3. Hola!
    Me ha encantado la entrada :D
    Te sigo, me sigues?
    Un beso.

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    1. Gracias por comentar, en cuanto funcione el maldito gadget de blogger me uno a tu blog.
      Saludos!!

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  4. Hola Gerardo. Aunque me conoces por Charlotte, soy Ana. Te doy las gracias porque me has hecho hacer dos descubrimientos: tu maravilloso blog y a Billie Hollday. Me han encantado. Saludos

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    1. Hola Ana, me alegro que te haya gustado. Billie Holiday no deja a nadie indiferente y llega especialmente a las personas con sensibilidad.
      Nos seguimos leyendo!!

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  5. De Gabo a Holiday, qué cambio ¿o no tanto?. Yo reconozco que fui (soy) más de la chamana Chavela que de Billie Holiday. No conocía esta biografía, pero sin duda la gran Holiday se merecía una edición cuidadosa. Pero es que Tusquets...

    Gracias por la entrada, y por poner música ambiental :)

    Un abrazo

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    1. Como contaba Chavela también tiene su hueco. Tengo pendiente por cierto una entrevista en forma de libro de la cantante mejicana, que se titula "Dos vidas necesito" y que caerá. Espero que la edición sea menos cutre que la de Tusquets. Con "Al este del Edén" les pasó igual. Una pena.
      Un abrazo

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  6. Excelente entrada, !Qué voz! toda sentimiento, pasión, me gusta mucho el jazz y las biografías de sus intérpretes. La sugerencia de una biografía con material fotográfico y sonoro sería algo maravilloso. El arte que reúne la palabra, la imagen y la melodia. Gracias por esta exquisita reseña.

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    1. Gracias a ti María por dedicarme un rato de lectura. Creo sinceramente que una edición más cuidada le haría justicia y sería un estupendo regalo para estas navidades, pero a veces las editoriales, como empresas, siguen la máxima del mínimo coste-máximo beneficio.
      Saludos!!

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  7. Me encanta la música de esta artista, aunque hace un tiempo que no escucho nada suyo: me han dado muchas ganas de volver a ella después de leer tu entrada. No sé si me animaría con sus memorias, aunque me parece que tuvo una vida apasionante y si encima no oculta su lado oscuro tiene más valor lo que pueda decir. 1beso!

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    1. Hola Tizire, como comentaba, al ser devoto de la cantante mi opinión sobre el libro está algo deformada (no así sobre la edición, ahí son datos objetivos). Billie Holiday tuvo una vida muy intensa y me he tenido que controlar bastante para no desvelar muchas de las anécdotas que contiene el libro. De momento, te puedes quedar con sus canciones, que no es poco y en realidad es donde está su verdadera esencia.
      Un abrazo!!

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  8. Soy una completa ignorante sobre Billie Holiday y tu magnífica entrada me ha ilustrado mucho.
    Una vida desgraciada y muy difícil pero yo me planteo que quizás "gracias" a esa vida sus canciones son tan desgarradoras y tristes (y dejan tanta huella).
    Esa identidad propia que la caracteriza es lo que hace que yo, por ejemplo, que desconozco muchas de sus canciones sea capaz de identificarla cuando escucho temas que a priori no conocía. Por desgracia, en la mayoría de los cantantes actuales esa identidad propia brilla por su ausencia y a veces es difícil distinguir unos de otros.
    Gracias por acercarnos a Billie Holiday, especialmente para los que no la conocemos mucho.

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    1. Y así es, de hecho ella misma lo dice. Su expresividad parte de esa vida tan azarosa y luego está la capacidad o el talento para darle cauce (eso me parece que es innato). Lo que dices sobre los cantantes actuales (la mayoría, no todos) es cierto, porque en realidad son productos de márketing y no verdaderos artistas. El adjetivo de irrepetible cada vez me parece más apropiado en el caso de Holiday.
      Un abrazo.

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  9. No me importará darle una oportunidad. A pesar de su toque pesimista creo que es una historia dura e impresionante¡¡¡ Gracias por tu reseña y el toque musical¡¡¡
    Feliz semana¡¡¡

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    1. La verdad es que tuvo una vida tan azarosa...Al menos consiguió legarnos su maravillosa música y hacer disfrutar (y sufrir también) a millones de personas que nos identificamos con ella cuando canta.
      Un saludo Francis.

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  10. Vaya, Gerardo, pues has conseguido despertar mi interés por el libro. Parece que tuvo uina vida digna de ser contada, no lo hubiera pensado
    Besos

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    1. Pues si y me he tenido que contener, porque anoté muchas y buenas anécdotas pero tampoco era plan de desvelarlas. De todos modos, creo que gustará sobre todo a los aficionados al jazz y admiradores de Billie Holiday.
      Saludos!!

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  11. Tengo algunas de sus canciones y gracias a tî he conocido algo de su vida. Siempre me gustó! Ahora volveré a escuchar todavía con más atención y me dejaré llevar más por las emoción con que canta
    Muchas gracias me ha encantado

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    1. Gracias a ti por leerme. La música de Billie Holiday y su vida van de la mano, no se puede entender la una sin la otra. Saludos!!

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