Foto: mercadolibre.com.ar |
Hay libros
a los que damos valor más allá de su contenido. Aunque una vez leídos
sean relegados a la estantería de la que casi nunca vuelven a salir, como si
cumplieran cadena perpetua, guardan dentro un
fragmento de nuestra propia vida. O de nuestra alma.
Por
eso cuando he recuperado este libro de cuentos de Manuel Rivas, ha
venido a mí, como si hubiera mordido la magdalena de Proust, un aluvión de
recuerdos.
Me he visto transportado a la sala de espera de un hospital hace quince años. A la
persona que hoy es mi esposa y madre de mis hijos le habían detectado un
nódulo del tamaño de una pelota de golf alojado en su tiroides. Un nódulo
sobre el que pesaban cancerosas sospechas. La resolución médica fue tajante:
extirparlo y con urgencia. Fueron cuatro
horas de intervención. Cuatro horas que pasé con el libro de Manuel Rivas entre mis
manos, cuatro horas con el alma de mi mujer flotando a la deriva, planeando sobre
aquellos trece cuentos que me daban consuelo.
Después
de la operación un enfermero la condujo en camilla hasta una de
las unidades del hospital. Ella permanecía intubada, todavía bajo los efectos de la
anestesia. Estuvo varios días sin poder hablar, sin poder mover el cuello, con una hilera de grapas
alrededor de su garganta y en ese lapso, me dediqué a leerle los cuentos de Manuel Rivas para entretenerla. Así que una parte de nosotros se quedó prendida definitivamente en ellos. Por eso, a pesar de que fue publicado en 1999, se merece una reseña o lo que quiera que sean estas líneas.
Manuel Rivas (foto extraída del blog Der Polingano.com) |
Del
escritor gallego me cautiva su lirismo, el cariz poético que toman todos sus
relatos desde la primera línea. Para según qué temas, lo prefiero al realismo
descarnado. Y por supuesto, ese universo propio, creado a partir de la
mitología de su tierra natal, poblado de magia, naturaleza y anécdota. Está el
misterio de la propia vida, está la confrontación de lo rural y lo urbano, está
el impacto de la emigración en varias generaciones de gallegos y una intensa
melancolía que como la lluvia fina e incesante que suele caer en el norte, lo
impregna todo.
Y
bueno, ahora tocaría hablar de estos relatos, unas breves pinceladas. Impresiones
personales, más sobre lo sentido que sobre lo pensado. Porque creo que la prosa
de Manuel Rivas llega antes al corazón que a la cabeza. En mi edición son trece
títulos, hay una posterior (de 2011) a la que el autor añadió otros dos.
Según
el autor, el nexo entre los cuentos del libro es "el alma",
escondida en elementos cotidianos.
El
primero de los relatos, “La vieja reina alza el vuelo”, comienza con la hermosa
imagen de un manzano en flor, en torno al cual rondan las abejas y va
desgranando la historia de dos familias campesinas, enemistadas por una antigua afrenta, y de dos
amigos de la infancia, Chemín y Gandón, que al hacerse mayores dejan de hablarse como si ambos escuchasen a un tiempo un mandato ineludible surgido de
las vísceras más recónditas de sus respectivas casas, pero llegado el umbral de
la muerte se buscan.
En “La
novia de Liberto” el protagonista es un muñeco de ventrílocuo que tiene la
virtud de decir lo que otros solo se atreven a pensar. Parece humorístico a
priori, pero tiene un final lleno de melancolía que me ha evocado a Juan Ramón
Jiménez. El tercero y quizá el mejor, es el que da título al libro. Un
sacerdote contempla las motas de polvo flotando al trasluz, que equipara al
alma y esa meditación genera una historia tras otra, la suya propia, la de una
mujer de su parroquia, Ana, por la que siente una atracción irresistible, la de
su tío moribundo, la de una tabernera liberal con la que trabó amistad siendo
párroco.
Enfrentarse
a las historias de Manuel Rivas supone a veces desprenderse del argumento. Son tan solo palabras que se dejan arrastrar, como un barco a la deriva y no llevan a ningún
sitio; no admiten conclusión, ni término, los relatos se van desarrollando,
como las sucesivas capas que se apartan de una cebolla.
“La
trayectoria del balón” parte como un cuento más clásico, con su dosis de
misterio y un final sorpresivo, pero sin renunciar a ese regusto a saudade. “La barra de pan” tiene el bouquet de los cuentos para niños de
antes, como el de “Juan y las alubias mágicas” o “La Lechera”, construido a
partir de una anécdota que se cuenta en una taberna. Tiene un final muy
hermoso, pura nostalgia y es de los más celebrados del libro.
“La rosa de piedra” es otro ejemplo de un
relato que guarda más valor en sí por las microhistorias que contiene que por
su trama, confusa como un sueño. Hay dos cuentos con un loro como protagonista,
el primero con la emigración como contexto y el segundo yo lo veo una
fábula de contenido político. “Jinetes en la tormenta” incluye una referencia a
la canción de The Doors. Se desarrolla en un barco de pescadores, en peligro de
ser engullido por el bravo mar del Norte y sus melancólicos habitantes. Uno de
ellos distrae el tedio de alta mar pensando en su nueva guitarra eléctrica, a la que
llamará “Sirena”. Es otro de mis favoritos.
Canción de The Doors que da título a uno de los cuentos de "Ella, maldita alma"
El
cierre final con “O´Mero” es un resumen de todo lo que nos ha ofrecido Manuel
Rivas en Ella, maldita alma: historias escondidas dentro de la propia
historia, poesía, una intensa melancolía, una atmósfera mágica que atrapa y
arrebata al lector de su propio mundo para caer en el universo del
autor.
Esta no la he leído, pero es cierto que leer a rRvas es una experiencia que se disfruta en sí misma. Más allá del título, sin ataduras
ResponderEliminarBesos
Desde luego. En mi caso se trataba además de una relectura, pecado en el que caigo constantemente con el escritor gallego. Un saludo para ti también!!
EliminarEs verdad que hay libros y piezas musicales con los que hemos compartido experiencias de vida y se convierten en amigos sobre cuyo hombro hemos descansado. Buena reseña, no he leído nada de este autor, pero buscaré alguno de sus cuentos.
ResponderEliminarEs un autor muy especial, María. Hace tiempo que dejó atrás el género corto y escribe novelas (acaba de publicar "El último día de Terranova"), pero yo sigo prefiriendo sus cuentos. En parte supongo que es por una cuestión emocional, como la que aludo en mi reseña. Ya me contarás. Saludos!
EliminarSiempre un placer leer tus reseñas. Más que reseña suelo ver a trasluz tus propios relatos. Por eso intento seguirte. Buena semana para tu universo.
ResponderEliminarGracias Pepa, el placer es mío al tenerte por aquí. Puede ser que sí, no soy crítico y lógicamente afloran mis inquietudes literarias a través de esas "reseñas", que en realidad no son sino una manera de compartir (al final es un intercambio) con vosotros los libros que me gustan.
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