domingo, 10 de febrero de 2019

"Daniela Astor y la caja negra", de Marta Sanz



Un avión se estrella en una cordillera nevada y entre sus despojos, los investigadores esperan hallar la caja negra. Este artefacto, que en realidad es de color naranja para facilitar su localización, registra los datos de los instrumentos y las conversaciones de la cabina. La psicología también tiene su caja negra y según he podido entender (no del artículo de Wikipedia, que es un galimatías), se trata de la parte opaca e insondable de la mente, su desconocido mecanismo interno. Creo que ambos conceptos están en la novela de Marta Sanz. Por un lado, es una crónica de la transición, la representación de la mujer en el cine de la época y aquella patata caliente que fue la libertad sexual. Por otro, se explora la intimidad de una niña en los albores de la pubertad. La novela alterna una parte documental, donde desfilan entrevistas, actrices del destape y alusiones a películas míticas de aquellos años, con la narración en primera persona de Catalina, alias Daniela Astor, un rol imaginario que la niña ha creado a partir del cine y las revistas del corazón. Marta Sanz engarza ambas historias con habilidad, tanto que si bien se podrían leer por separado, parece que si amputáramos alguna de las dos partes la novela moriría desangrada.

Supongo que las habrá, ¿sobre qué no se ha escrito? Pero no recuerdo un acercamiento a la mente de una niña en ese punto de inflexión, cuando empieza a hervir la leche de la adolescencia, justo antes de que la espuma desborde el cazo. O al menos no lo recuerdo hecho con tanto atrevimiento. Porque Catalina es una niña, pero nota la semilla de la mujer que será. El tono es inquietante y sórdido, la fantasía empaña el espejo de la realidad, moldeada por lo que ella ve y lee. El despertar sexual es incipiente, el lector adulto nota su aliento, pero el niño lo percibe como un juego más. Es un camino de exploración constante, de búsqueda y perplejidad. 

En la novela (ambientada en 1977), la mujer española se encuentra en una fase de transición. Las madres de Angélica y Catalina trabajan fuera de casa, parecen independientes, pero una vez dentro del hogar regresan al rol tradicional de la mujer que limpia, cocina, plancha y en su matrimonio asume con resignación una posición subordinada, dice Catalina “nuestros padres tratan a sus mujeres como si fueran aún niñas pequeñas” y tiene claro que “ni Angélica ni yo queremos ser como nuestras madres”, ella prefiere ser “la madre de Blancanieves”. La novela aborda un conflicto clásico que señala el fin de la infancia: la atracción y a la vez repulsa del progenitor, porque, dice “me cansa que mi madre sea una madre, pero no quiero que lo deje de serlo”, “para crecer, es imprescindible meterse con las madres”.

Daniela Astor distorsiona el mundo que le rodea, incluso se erotiza cuando sale a pasear con el padre de su amiga. Me gusta y atrapa. Es subyugante. Hasta que pasa algo, una perturbación en la vida de Catalina y Daniela Astor desaparece. La echo de menos, pero sigo leyendo. El protagonismo ahora recae en Sonia, la madre de Catalina y su decisión firme de no tener el hijo que está esperando, en un contexto en el que abortar conlleva penas de cárcel y por ello más de 30.000 españolas viajan al año a Londres para someterse a esa intervención. Este cambio se transmite al resto de personajes. Los hombres se convierten en espantapájaros, el padre de Catalina pasa de maestro risueño a ser una comparsa, un idiota sin iniciativa propia y Luis Bagur de galán irresistible a pijo-progre con los dientes negros por fumar en pipa. La madre de su amiga Angélica, descrita antes como la socióloga con gafas de culo de vaso que pone lavadoras, se transforma en un puntal firme y sabio de bonitos ojos azules. Ya no es la historia de una niña, su imagen de feminidad moldeada por las películas de fantaterror y su periplo hacia la adolescencia. Es una crónica sobre el aborto y una regularización que no se abordó hasta bien entrada la democracia. La novela entonces se aleja de los matices y cae en el blanconegrismo, Marta Sanz se posiciona y al final se olvida hasta de Sonia Griñan y las últimas páginas lanza una pedrada para poner los puntos sobre las íes. ¿Por qué toma esta deriva la novela? En esta entrevista la propia Marta Sanz me da una pista:
Trataba de reconstruir una historia sentimental de la transición a través de las vivencias de quiénes éramos niñas en ese momento cuando se platean los cambios de Alberto Ruiz-Gallardón y a partir de ahí empecé a rescatar esa mirada tan sórdida sobre el aborto, asociada durante tanto tiempo a lo sucio, incluso a la brujería. La novela trata sobre una mujer que decide abortar porque sí (…), la suya no es una situación límite, no existe la tan requerida justificación
(Fuente: "Marta Sanz, una mirada valiente sobre el aborto", nuevatribuna.es).
Pero desde mi subjetividad, torpedea el Titanic literario que había levantado en las doscientas páginas anteriores. Poco falta para echarlo a pique. Cuando leía los últimos capítulos de Daniela Astor, pusieron en televisión Los Olvidados, de Luis Buñuel. Una obra maestra indiscutible, que sigue intacta después de setenta años. En la película, se retrata la miseria de unos suburbios, la delincuencia juvenil y ocurre algo: los pobres son malos. Miserables, envilecidos, crueles, traicionan a los amigos, se desentienden de los hijos, los débiles abusan de los débiles. Hace tanto daño, ¡cómo escuece esta verdad!: la miseria material y afectiva, la incultura, engendra miseria moral. Sin justicia, no se puede atenuar el mal y la vida humana vale menos que una gallina. Tamaña perturbación hizo empequeñecer el final de Daniela Astor, que tenía esa noche entre manos y el capítulo final, donde hace una crónica burlesca de Sálvame, me lo quité de encima como una mosca. 


La lectura de Daniela Astor forma parte de un club de lectura en el que participo de manera activa, adscrito al programa del MECD “Por qué leer a los clásicos”. En él, siguiendo el tema de este año (escritoras españolas), hemos seleccionado cuatro libros: dos lecturas clásicas muy conocidas y dos ejemplos de literatura contemporánea, que vamos alternando. La primera fue la obra maestra de Mercé Rodoreda, La plaza del diamante, que tuvo un éxito rotundo. La segunda fue Daniela Astor y la caja negra, de Marta Sanz. Su estructura posmoderna, las partes documentales y el atrevimiento con el que retrata a una adolescente nada complaciente causó algo de estupor. Con La voz dormida de Dulce Chacón supongo que no habrá tantas pulgares hacia abajo y tengo curiosidad por la acogida de Las efímeras de Pilar Adón. Autora que además vendrá a hacernos una visita en marzo, ¡estoy deseando conocerla! Ni que decir tiene que para elegir las lecturas me basé en las reseñas de los blogs que sigo, por ejemplo el de Lorena (El páxaru verde) o el de Ana (Lo que leo locuento), inactivo a día de hoy. Ahora se habla mucho de “salir de la zona de confort”, hasta en los anuncios de ginebra y como lector hay que hacerlo, pero no con el pie echado, sino con los brazos abiertos y esto no es fácil de transmitir y mucho menos de compartir. Aquí seguro que encuentro mayor comprensión. 

14 comentarios:

  1. No he leído la novela pero tengo la impresión de que es de esas que te remueven la conciencia tanto si eres mujer como si eres hombre. Es cierto que no se ha escrito casi nada de la adolescencia femenina, tal vez porque durante mucho tiempo se ha querido ocultar la sexualidad de las jóvenes por lo que es un mundo inexplorado.
    Me apunto tu novela.
    Un abrazo muy fuerte

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    1. En palabras de Marta Sanz: "me interesa molestar, desasosegar, plantear preguntas que tengan una repercusión moral y política". La exploración de ese mundo femenino de transición es el mayor valor del libro y solo por eso merece la pena.
      Un abrazo.

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  2. Buenos días Gerardo, pues seguiré a "tu club" de lectura y leeré a las autoras que todavía no he leido - Marta Sanz" de la que soy cohetanea de la protagonista de su novela, y Pilar Adón de la que aún no he leido nada.Gracias por la reseña y buena semana.

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    1. Estás invitada, a ver si te gustan. Son lecturas arriesgadas, pero creo que no dejan indiferente y merecen la pena.
      Un abrazo.

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  3. Parece de esas lecturas que no dejan indiferente, que remueven, que incomodan. Tomo nota que no la conocía. Fantástica reseña.
    Besotes!!!

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    1. Ya lo comentaba antes, es tan singular que como poco da que hablar. No es de las lecturas que se olvidan fácilmente.
      Un abrazo.

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  4. Ay, esa inocencia tan poco inocente...
    Bueno, ya sabes que soy una gran admiradora de Marta Sanz y que me parece muy interesante su visión personal y social que siempre imprime en sus libros, lo cual no significa que siempre esté al cien por cien de acuerdo con ella. Yo no quise meterme en mi reseña en el tema del aborto porque para mí fue una sorpresa encontrarme con ese tema y quise que así quedara para el que la leyera. Así que me guardé algunas cositas. Pero ya que se me brinda aquí la ocasión diré que, aunque sí me pareció muy interesante la visión de Marta Sanz al respecto, también opino que es bastante parcial. Además me hubiese gustado que ese apellido que se queda en inicial y para más inri en H, que es muda, hubiese tenido más voz. No hay que acallar a nadie para ser escuchado. Aun así, la deriva de la novela no me estropeó su primera parte y el balance general que saco de ella creo que es más positivo que el tuyo.
    Respecto al club de lectura de tu instituto he de decir que he leído los cuatro libros y que me encanta la selección. Y que qué envidia y qué lujo lo de Pilar Adón. Ya nos contarás.
    Un abrazo

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    1. Eso pienso yo, que la autora se acaba imponiendo sobre sus personajes para dar su opinión y los deja mudos. Aún así, me parece una lectura recomendable y por eso la traigo a la llanura. Los "peros" son en parte subjetivos. Sabía que te gustaría la selección porque la mayoría de títulos los he conocido gracias a tu blog. Ya os contaré sobre el encuentro con Pilar Adón. Cuando la invitamos contestó al instante y se mostró muy receptiva. A ver que le parece Tomelloso, jaja.
      Un abrazo.

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  5. Interesante todo lo que cuentas, a mí me llama la atención el papel de esas madres que quieren salir de su papel establecido y cómo las hijas están de acuerdo pero quieren que sigan siendo las madres de siempre.
    Puede que ese final que a punto estuvo de cargarse la historia sea debido a que la autora no haya podido sustraerse a lanzar un mensaje explícito. Lo digo desde la ignorancia pues no he leído el libro, pero me he encontrado otras novelas "reivindicativas" en la que el escritor cae en la tentación de dar el discurso final por si la cosa no había quedado clara.
    Esperaré a saber tu opinión sobre La voz dormida (a mí me encantó) y Las efímeras (no me gustó).
    En cuanto a salir de la zona de confort no sé qué decirte, mis experiencias son variadas pero creo que el balance final fue negativo y ante esto yo me planteo si merece la pena experimentar con las lecturas. Yo leo para evadirme y para disfrutar y casi que prefiero ir a lo seguro (y aun así me equivoco), para experimentos ya tengo el laboratorio. Pero cada cual es como es.
    Un abrazo.

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    1. Esa frase me encanta y resume muy bien los sentimientos de la niña y de muchas niñas. Al final la autora parece que se desentiende de sus personajes, es mi pero, que no deja de ser mera opinión.
      Entiendo tu posición respecto a la lectura, es respetable. El comentario final es para aquellas personas que se cierran en banda y ya rechazan ciertas lecturas desde la primera página, por prejuicios. Es como cuando mis hijos dicen que la verdura no les gusta sin haberla probado, jaja.
      Un abrazo.

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  6. Tengo ganas de leer este libro. Hace unos años, para la tertulia del instituto, leímos "Farándula" y ahí fue donde conocí a Marta Sanz y me encantó. Te recomiendo ese libro. Desde luego, no recuerdo ningún altibajo.
    Hace un par de días terminé el segundo libro que leo de la autora, "Clavícula". Es totalmente distinto porque, para empezar, es un libro en el que trata de sí misma (con su propio nombre). Son sensaciones que comparte con nosotros, alrededor de un montón de temas y, aunque es más joven que yo, me he sentido muy identificada con muchas cosas de las que cuenta.
    En mi instituto también se participa en esos programas del Ministerio. Cuando estuve a cargo del Departamento de Extraescolares, estaba más al tanto, desde que lo dejé, estoy más alejada, pero sé que se sigue haciendo.
    Menudas cuatro lecturas habéis escogido. "Las efímeras" es una novela preciosa, pero muy dura para los alumnos. Dudo que la aguanten (aunque a veces dan muchas sorpresas). Por si te interesa y no la has visto, tengo reseña. Como Lorena te digo que espero que nos cuentes algo acerca de la visita de Pilar Adón como hiciste con la de Carlos Zanón.
    La de Dulce Chacón, creo que a muchos les gustará y otros... pues ya se sabe. La leí hace muchos años.
    Qué se puede decir de "la Plaza del Diamante". Un clásico por derecho propio.
    Un beso.

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    1. Las lecturas están dirigidas especialmente a padres y profesores, más que a los estudiantes, que ya tienen bastante con las lecturas obligatorias. Tampoco veo "Las efímeras" una lectura para ellos.
      Me gustó "Farándula", aunque tuvo críticas de todo tipo. Marta Sanz tiene admiradores, pero también lectores muy duros con ella. Yo me sitúo entre los primeros, a pesar de los peros que he puesto a esta novela. Por cierto, elegimos "Daniela Astor" por recomendación de Zanón, cosas de la vida.
      Un abrazo.

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  7. Me ha encantado tu reseña (tan literaria). Me has hecho entender a la perfección lo que puedo encontrar en el libro y te confieso que esta novela me atrae un montón. Besos

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    1. Seguro que te gusta, es inteligente y está muy bien escrita. Aunque haya puesto mis peros al final, no deja de ser una opinión personal.
      Un abrazo.

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