viernes, 6 de octubre de 2017

UN DISPARO DE NIEVE

Patio del Alter Hof, Munich (foto: historia-arte.com)

La vida es una sucesión de seísmos de magnitud variable. Pequeñas perturbaciones, apenas el zumbido de una mosca, un rayo que nos rompe en dos. Siempre es cuestión de un instante. Cierras los ojos y cuando los abres, todo ha cambiado. A mí me gusta imaginar al joven Hitler durmiendo en un banco, protegiéndose del frío con papel de periódico, en un parque público de Viena. Mirando con avidez el escaparate de una pastelería, donde brilla una bandeja de Apfelstrudel sobre la vitrina. Imaginar el momento en el que rasga en pedazos la segunda carta de rechazo de la Academia de Bellas Artes de Viena que trunca para siempre su carrera de pintor (cierto que anduvo varios años más dando tumbos por las tabernas vienesas, vendiendo postales y dibujos hechos por él mismo, pero me vais a permitir esta y otras licencias) y le pone en la senda de Munich, donde después de la Primera Guerra Mundial se unirá al NSDAP, el Partido Nazi que cambiará la Historia. Pensar en un futuro alternativo si Hitler hubiera sido admitido en la Academia es lo que se llama “historia contrafactual”. Probablemente, el nazismo hubiera arraigado sin él, existían los ingredientes y el sustrato que lo hacía posible. La ola de violencia política que asoló Europa no fue creación personal de Hitler. Pero, ¿quién puede saberlo?

Ese gesto tan prosaico, el director de la Academia garabateando su firma y confirmando el segundo suspenso del joven Hitler, ¿cuánto duró? ¿Un segundo? ¿una décima de segundo? A nivel atómico, cuarenta millones de muertos que dejó tras de sí la última gran guerra. Ahora, piensa en tu propia historia personal. Dicen que es un sufrimiento inútil rumiar el “¿qué hubiera pasado si…?”, pero, ¿quién no lo ha hecho alguna vez? Porque intuimos que la vida no se escora en un arco largo y lento, predecible y con sentido. Al contrario, hay momentos fatales, definitivos, una descarga que nos hace cambiar de rumbo. El resultado, no siempre está en el horizonte. La cosecha se recoge años después. ¿Recordó Hitler aquella tarde de Viena, aterido de frío, manoseando su decepción frente a una bandeja de Apfelstrudel? ¿Pensó en su carrera truncada de artista cuando las bombas cercaban la guarida del lobo, cuando notaba el frío, el sabor ferroso de su arma dentro de la boca, disparando la última bala de su vida? ¿Cerró los ojos y se imaginó dando las últimas pinceladas a un paisaje gótico, donde el viento agita las hojas amarillas de los árboles una tarde de otoño?

Si el rumbo de la vida oscila en tan breves segundos, si todo cambia sin posibilidad de enmienda, ¿cómo no sentir un vértigo terrible ante el mero hecho de existir? ¿Cómo no sentirse insignificante, una mota de polvo en la inmensidad del cosmos? A mí, de pensarlo, me invade una sensación de angustia incontrolable, casi pánico. Y creo que la creación humana que mejor refleja esta realidad es la poesía. Si habéis escuchado la célebre canción de Silvio Rodríguez, Ojalá, el estribillo dice:

Ojalá se te acabe la mirada constante 
la palabra precisa, la sonrisa perfecta 
ojalá pase algo que te borre de pronto 
una luz cegadora, un disparo de nieve 
ojalá por lo menos que me lleve la muerte 
para no verte tanto, para no verte siempre 
en todos los segundos, en todas las visiones 
ojalá que no pueda tocarte ni en canciones

Para algunos, cada cual hace suyo lo que lee, es una canción de desamor absoluto, de un odio filtrado en imágenes de una belleza apabullante. Belleza y odio, qué contraste más perturbador. Su roce parece que pueda provocar una reacción en cadena. Bueno, yo creo que no es así. En esta canción, Silvio Rodríguez asume la huella de un amor que le ha marcado y querría olvidar, porque su impronta le duele. No podrá volver a tenerla nunca, y para su desgracia, tampoco podrá olvidarla. Así que estará siempre en su memoria, una herida de amor tan profunda que nunca podrá cerrarse. Silvio quiere sellar esa herida, deshacerse de una melancolía que le está ahogando. Ojalá pudiera olvidarte, borrarte del todo. Pero no puedo. Estás ahí, formas parte de mi vida, la marcaste a fuego y solo me vale la muerte, mi muerte, para “no verte nunca”.

Entre estos versos, hay una imagen tremenda, cuando dice: “ojalá pase algo que te borre de pronto, una luz cegadora, un disparo de nieve”. Aquí entro con el tema de los detalles, y ahora me diréis. Hay una leyenda urbana que mantiene lo siguiente, donde dice “nieve”, en realidad es “nievi”. Este señor era un francotirador soviético de la Segunda Guerra Mundial, mejor dicho, un héroe producto de la propaganda soviética. Así que hay quien mantiene que lo que Silvio escribió en un primer momento es un “disparo de Nievi”, es decir, una siniestra bala que sale de la bruma dirigida a su antiguo amor. Una sola letra y un verso potente, una imagen tan evocadora, se convierte en algo siniestro, vengativo, manchado de sangre. Incluso vulgar. Un contraste absoluto con la blancura, pureza y perfección de la nieve. ¿Será cierto? Imaginemos que sí (aunque el cantautor lo ha desmentido), que Silvio, que en ese momento hacía el servicio militar, escribió “Nievi”. Pero, como buen poeta, pronto vería el potencial de sustituir esa única letra. Una letra, un instante, lo cambia todo. En la poesía, como en la vida, como en la Historia.

          

35 comentarios:

  1. Me gusta esa versión que no había oído, aunque mi juventud transcurrió con la de la voz limpia de Silvio. Durante muchos años fue mi canción preferida. Respecto a la interpretación que nombras, yo les haría caso a lo que dice el propio autor. Si él lo desmiente, será mentira, o su intención última es la que debiera prevalecer.
    Creo que somos insignificantes, menos que la mota de polvo que mencionas; estamos sujetos a las casualidades y a los instantes azarosos que cambian nuestra vida y, por desgracia si es para mal, también a los demás. No concibo que la vida pueda ser de otro modo. Por mucho que pretendamos darnos cada uno gran importancia, en el curso de los acontecimientos de la humanidad, o, yendonos más lejos, en el curso de vida en la Tierra, no tenemos ninguna relevancia. Por otro lado, debido a la conexión que establecemos con los otros, las decisiones inanes, casuales, tendrán gran peso. El vértigo es condición indispensable del vivir. Yo procuro la convivencia conmigo misma en esa zozobra, a veces me cuesta y me devora el pavor; otras lo llevo bien en un razonable equilibrio.
    Un precioso y profundo texto, Gerardo, me ha gustado mucho.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Y ahora me toca rectificar, que siempre se me cuelan fallos de escritura: "yo le haría caso" en vez de "yo les haría caso"; "yéndonos" en vez de "yendonos". 🙃

      Eliminar
    2. De las versiones que he escuchado es la que más me gusta, muy reciente además. Lo de "Nievi" no deja de ser una leyenda urbana, desmentida por el propio autor. Pero me servía para hablar de esas insignificancias que lo cambian todo. "El vértigo es condición indispensable del vivir", que acertada es esta frase, coincido contigo.
      Lo de que blogger no nos deje corregir los mensajes en un tiempo razonable es de traca, no se cuando lo van a arreglar.
      Un abrazo.

      Eliminar
    3. También fue mi canción preferida, Ángeles. Puede que lo siga siendo. Es como dices, Gerardo, de una belleza apabullante. Pero, ¿realmente ves odio en ella? Yo solo veo amor, un amor tan profundo, tan lacerante que duele. Y ni siquiera creo necesario que la haya perdido. Puede ser una presencia en su vida que, de puro amor, le sustrae a sí mismo. Así lo he imaginado siempre. Un amor presente, tan intenso que se vuelve insoportable, que lo aniquila todo y no deja espacio para la propia vida y uno desea que la otra persona desaparezca y nos deje recuperarnos, o que pierda su mágica perfección, o, de no ser nada de eso posibel desaparecer uno mismo. Un amor que, por supuesto, solo existe en la poética imaginación de Silvio Rodríguez.
      Y, por supuesto, es un disparo de nieve. Me niego a ver a Silvio deseando que a su amada la mate un francotirador soviético.
      La versión que pones es buena, pero nada como Silvio con su voz suave y un poco temblorosa.
      Por dios!! hace casi cuarenta años...
      Un beso.

      Eliminar
    4. Hola, Rosa. No, que va. A lo mejor odio es una palabra muy fuerte, pero hay quien ve en esta canción una especie de rencor elegante. Yo no soy de esa opinión, me parece que Silvio se desespera porque ese amor ha dejado en él una huella tan profunda que no puede obviarlo. Ojalá pudiera olvidarla, pero ni muerto.
      Sobre versiones y originales, el caso es mantener viva la esencia y la MODA lo consigue.
      Un abrazo.

      Eliminar
  2. hola! nos quedamos con tu sentido texto y la maravillosa musica de silvio, todo un lujo de viernes! gracias y no hablaremos mas, escuchamos la musica que se desprende de las letras tuyas y ajenas, saludosbuhos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias. Ojalá es una canción increible, poesía y música unidas sin que se noten las costuras.
      Saludos.

      Eliminar
  3. Cómo puede cambiar una letra tanto el significado de una frase... Preciosa canción de Silvio!
    Y creo que todos en algún momento nos hemos hecho esa pregunta de "y si...". Si tomamos la decisión adecuada, si hicimos lo que teníamos que hacer, si hubiéramos actuado de otra forma...
    Besotes!!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Desde luego, yo me la hago constantemente. Pero además de esos momentos que sí, que tu sabes que fueron decisivos y cambiaron el rumbo de tu vida, debe haber otros que también lo hicieron sin darte cuenta. Nunca se sabe que tipo de perturbaciones o cambios nos han dirigido a uno u otro lugar.
      Un abrazo.

      Eliminar
  4. Hola Gerardo, echaba de menos algún escrito y reflexión tuya.Buena y bonita reflexión. Por añadir un poco leyenda urbana a esa canción, también se decía que la canción estaba dedicada a Pinochet... Silvio Rodriguez, siempre me ha gustado mucho, y la letra de una canción que dice: "y digo que el se presta para ser hombre veneno, es doble tonto y no quiero ser bailarín de su fiesta" desgraciadamente esta de rabiosa actualidad, pues aquí estamos todos bailando y sumandonos a la conga del rencor y del odio.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Yo también he escuchado que se refería a Fidel Castro. Sobre esta canción hay mucha leyenda urbana, pero según el autor está dedicada a una tal Emilia, su primer amor. Me encanta esa frase que citas, como dices, muy apropiada para los momentos que estamos viviendo. El odio resucitado, parece mentira. Buscaré la canción.
      Un abrazo.

      Eliminar
  5. Interesante entrada Gerardo que sugiere mucho.

    En primer lugar ese y si..., mientras te leía pensaba que ojalá lo hubieran dejado ser un pintor mediocre o malo igual el mundo se hubiera salvado del odio que ayudó a difundir, después me he corregido con que probablemente hubiera acabado pasando lo mismo, el odio estaba allí y él u otros lo hubieran aumentado. Desgraciadamente viendo el odio que se está avivando podríamos decir que no se aprende nada de nada.

    Me interrogaba sobre esas veces en que un simple y si... pueden cambiar el mundo, ¿pueden? ¿lo cambian? ¿o acaba pasando? No tengo respuestas, quiero creer que nosotros decidimos y con nuestras decisiones hacemos que las cosas pasen porque creer que todo está escrito, nos dejaría a los humanos como simples marionetas del destino y no me gusta nada de nada.

    Respecto a esa pequeña letra que puede cambiarlo todo, ¿no acaba siendo así que a veces los pequeños detalles, aquello más insignificantes resultan el desencadenante de algo mucho mayor? ¿No es esa primera pieza del efecto dominó? Los detalles importan, las cosas pequeñas también.

    Los versos hablan de un amor que duele y que no se puede olvidar aunque se desearía intensamente porque como decía Sandor Marai la verdadera venganza es cuando ya no quieres saber nada del otro, de aquel que te importó, cuando no se desea nada ni malo ni bueno, ya no puede hacer sufrir, eso es el olvido y la otra persona deja de tener poder sobre el que sufre. Lo que no se había conseguido en esa canción de Silvio Rodríguez.

    Saludos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. El ser humano siempre tropezando en la misma piedra. Por suerte, hoy día no está justificada la violencia política y digamos que una terreno menos abonado al fanatismo que los años 30. Y aún así, fíjate. Frente al "qué hubiera pasado si..." está la idea de lo predeterminado. Yo creo en los pequeños detalles, los que lo cambian todo, que a menudo pasan inadvertidos. Y en la poesía esto se ve con claridad, cuando una palabra, incluso una letra, cambia por completo el sentido del poema. Estoy de acuerdo con tu interpretación, muy sugerente la cita de Sandor Marai: el olvido com culminación de la venganza. Me encanta. Desde luego, Silvio no lo conseguirá jamás.
      Un abrazo.

      Eliminar
  6. EN primer lugar, ¿dónde te escribí yo el otro día? ¿En el otro blog que tenías? Porque te comenté, que me parecía extraño que no hubieras publicado desde 2016, y resulta que hoy sí me ha salido tu entrada y he visto que has ido escribiendo... No sé, míralo, creo que te comenté en el otro.

    Bueno, da igual, que me enrollo como las persianas.

    Muy interesante tu reflexión, muy interesante. No conocía esa canción de silvio Rodríguez, me parece una letra desgarradora, es de las pocas cosas horribles, el desamor, la traición, la desilusión..... o el conjunto de ambas, siempre suelen ir implícitas en cualquiera de ellas. El que se desenamora se desilusiona, y muchas veces se siente traicionado.

    Sobre este "ataque" político malintencionado del que hablas, que me he quedado muy sorprendida, me cansa, me agota. Seguirán pasando los años y siempre seremos meras marionetas de un espectáculo que nos indican cómo vivir. No cambian las cosas con el paso de los años... ¿Nno te resulta agotador?

    Gracias por compartir tus palabras con el resto. Siempre es interesantísimo lo que cuentas.

    Besos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola, Esther. La semana pasada no pude actualizar el blog y compartí una entrada antigua, de ahí la confusión. Pero de momento sigo en la brecha, a trancas y barrancas muchas veces. La canción de Silvio es increíble, como decía, el maridaje perfecto de música y poesía.
      Un abrazo.

      Eliminar
  7. "¿Qué hubiera pasado sí?"

    No lo podremos saber nunca. Pero no por ello es del todo inútil preguntárselo. Porque hacerlo nos permite descrubrir la esencia de la vida. Cada segundo determina los siguientes, cada minuto el resto de los nuestros. Gestos anodinos (salir de casa unos minutos antes o después de lo acostumbrado) pueden evitarnos una experiencia terrible o precipitarnos en ella. Proporcionarnos un encuentro fundamental en nuestras vidas o hacernos cruzar la línea roja de la monotonía depresiva. Y grandes y persistentes luchas hacia un objetivo inalcanzable pueden ser estériles - pero dar otro fruto insospechado.

    En fin, que éste es otro de los temas que me obsesionan, y que es fuente inalcanzable de reflexiones y de, si las condiciones se dan, inspiración.

    En todo caso, creo que sí podemos tener claro que hubiera sido mejor que a Hitler le hubieran admitido en la Academia de Bellas Artes.

    Gracias por la entrada.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola, Jose.
      Efectivamente, es una pregunta inevitable y reveladora. Uno la suele formular cuando aviene alguna desgracia, pero, ¿cuántas se habrán evitado antes sin tener ni un mínimo indicio? Esta incertidumbre es una fuente inagotable de historias y de inspiración, estoy contigo. Paul Auster la estruja al máximo y la historia contrafactual es un género por si mismo.

      En cuanto a Hitler, yo también hubiera preferido un artista al tirano megalómano en el que se convirtió y que llevó a la ruina a Europa. Recuerdo ahora la historia de Kokoschka, que solicitó la admisión a la Academia el mismo año que Hitler solo que él si fue admitido y un poco desquiciado, en plena guerra, se lamentaba ante todo el que quisiera oírle, diciendo que él era el culpable de los bombardeos. Quizá en la Academia fueron un poco duros con el joven Hitler, pero este tampoco hizo nada por mejorar y trabajar las limitaciones que le indicaron sus profesores. Se creía predestinado, le falló el arte y se metió en política.

      Un abrazo y gracias a ti por lectura y atinados comentarios.

      Eliminar
  8. Menuda entrada te has marcado, Gerardo.
    Para mí la canción puede que sea de desamor pero no de odio. No sé si Silvio Rodríguez deseó a su amada un disparo de nieve o de nievi (la verdad que lo segundo no me pega y hasta me chirría con el resto de la canción) pero ahí está su manifiesto deseo de la propia muerte para no verla en todas las cosas. Ese instante en el que conocemos a las personas que marcan nuestras vidas también es un pequeño terremoto que lo cambia todo. Qué hubiera sucedido si no hubiéramos cruzado la mirada, respondido a una sonrisa, cambiado a última hora de plan y no salir de casa ese día, cruzado la calle en otro punto porque justo ha cambiado el semáforo, no escuchado el despertador y salido más tarde de casa. Cuán diferente nuestra vida e incluso la persona que hubiéramos sido y en la que nos hemos convertido. Incluso la diferencia entre desear un disparo de nieve y de nievi.
    Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Yo tampoco veo odio en ella, más bien la incapacidad de olvidar un amor que nunca volverá. A veces quiero creer que no todo es tan casual y que en cierto sentido, en algunos momentos, las vidas se cruzan como trayectorias trazadas mucho tiempo atrás, como si alguien jugara al billar con nuestro destino. Quién sabe.
      Un abrazo.

      Eliminar
  9. Hola, Gerardo, el texto es una pasada y la primera frase, demoledora.
    Besos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias por tu lectura, me alegro que te guste.
      Un abrazo.

      Eliminar
  10. Me ha encantado la entrada Gerardo, y me encanta esa preciosa canción de Silvio Rodríguez. Nunca hubiera imaginado lo que dice la leyenda y realmente hubiera cambiado de una forma increíble el sentido de la canción, que yo siempre he visto como una poesía al desamor. Hay muchas canciones por ahí que quieren decir cosas muy diferente a las que pensamos, quizá por el miedo de los autores a la censura o a que fueran malinterpretados.
    Genial entrada sobre historias que pudieron ser y no fueron, no sabremos si para mejor (para peor es difícil, en el caso de Hitler).
    Un abrazo muy fuerte.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Con la canción de Silvio hay consenso y es ya un clásico atemporal. A mí también me parece que esa única letra cambia por completo el sentido de la canción. El doble sentido es muy habitual, especialmente en un contexto de falta de libertades. Nuestro Berlanga, como sabes, en tándem con Azcona era un genio en eso.
      Un abrazo.

      Eliminar
  11. Creo que todos sufrimos decepciones y rechazos, en el amor, en el trabajo, en la sociedad, en la vida al fin y al cabo. La diferencia estriba en que algunos no saben gestionar sus frustraciones y se convierten en personas rencorosas y amargadas que vuelcan en los demás la responsabilidad de sus propias carencias.
    No sé qué habría pasado si Hitler hubiera conseguido ingresar en la Academia de Bellas Artes, puede que todo lo que supuso la SGM no hubiera ocurrido. O quizás, sí. Puede que en esa Academia algún profesor criticara duramente uno de sus cuadros y la alimaña que siempre llevó dentro aflorara, solo que algo más tarde.
    Yo no soy de darle muchas vueltas para imaginar "que hubiera pasado si..." Voy a lo que tengo e intento jugar lo mejor posible con las cartas que me han tocado.
    Estupendo texto-reflexión. Ahora, cada vez que oiga la canción de Silvio pensaré en Nievi (lo que cambia un mensaje solo por una letra).
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hitler era una bomba de relojería. Tenía delirios de grandeza y un ego superlativo. Como artista hubiera encajado mal las críticas. Cuando suspendio la primera prueba le aconsejaron que estudiara arquitectura (era muy bueno dibujando edificios), pero para eso había que hincar los codos y no estaba por la labor. Su antisemitismo también se intensificó en esta época, siempre achacó el rechazo a ciertos profesores "judíos" y he leído que con la ocupación mandó a las SS que fueran a por ellos.
      Me gusta tu filosofía de vida, pero en mi caso, no puedo evitar mirar atrás. Tomaré nota.
      Un abrazo.

      Eliminar
  12. Hola, Gerardo. Siempre he pensado que las cosas que de verdad nos cambian la vida, las que de verdad lo ponen todo patas arriba, suceden de improviso, en apenas un segundo. Te levantas por la mañana, planeas el fin de semana, quedas con gente para comer, y un solo segundo basta para chocar con otro vehículo. Un segundo, para cambiar la vida de su familia, para que la vida de su hijo vire hacia otro lado...
    En ocasiones, ese segundo va encadenándose con otros, en un mar de probabilidades que se concretan gota a gota de forma caprichosa y solo en el final nuestra razón intenta buscar una explicación que dé sentido.
    El ¿Y si...? es intrigante, perturbador, pero es lo que nos hace imaginar, crear.
    Bueno, ya empiezo a divagar y es tarde. Me ha encantando esta reflexión, acompañada de poesía y música. Saludos!!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Así lo creo yo también, son esos volantazos de la vida que lo cambian todo. Y una fuente de inspiración inagotable. Gracias por tu visita, David.
      Un saludo.

      Eliminar
  13. Aunque refieran que es un sufrimiento inútil preguntarse “¿qué hubiera pasado si… ?, yo creo que ha sido del todo útil para la causa literaria, quiero decir que en razón de esa pregunta se ha escrito gran literatura, indagar en esos escenarios plausibles ha sido uno de los principales objetivos de muchos escritores, es una de las grandes ventajas que nos ofrece la literatura, pues te afloja el corsé que te impone la realidad.

    Y lo mismo hacen las leyendas urbanas, como en el caso que citas, la nieve… o, ¿era Nievi? Qué no se cierre la incógnita :)

    Un abrazo, Gerardo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola, Paco. Esa creatividad, la capacidad de imaginar lo que no está por ningún sitio, lo que parece imposible y fabular con escenarios probables es el sello distintivo de nuestra especie. Ninguna otra es capaz de hacerlo, que se sepa y de hecho, los antropólogos creen que esa cualidad fue lo que dio al homo sapiens sapiens una ventaja definitiva sobre otros homínidos con los que convivió. Por desgracia, as veces aprovechamos esta cualidad de la peor manera posible.
      Un abrazo.

      Eliminar
  14. A mí también me entra pánico en ocasiones, Gerardo, cuando me paro a pensar qué será de mí o de los míos, o dónde estaré, o cómo estaré... en 15, 20 años. Es realmente como asomarse a un precipicio.
    Tu entrada me ha parecido un lujo de reflexión, con personajes tan contrapouestos como Hitler y Silvio Rodríguez, de quien no olvido una frase que dice "Hay locuras que son poesía, hay locuras de un raro lugar. Hay locuras sin nombre, sin fecha, sin cura, que no vale la pena curar, porque también he pensado muchas veces que hay amores locos que solo terminan con la muerte. En ese instante acaba todo, como bien dices tú al terminar tu post.
    Un beso.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Esa es otra, Chelo. Mirar atrás, pensando en qué hubiera sido si... Y también proyectarse hacia delante, tratando de ver en el futuro. Desde luego, el ser humano se escurre en el presente y se debate entre lo que fue y lo que puede ser.
      Hay locuras que no vale la pena curar. Me gusta esa frase...
      Un abrazo.

      Eliminar
  15. ¿Qué hubiera pasado si...? La tentación de pensar que un pequeño detalle puede cambiarlo todo es eso, una tentación. Lo habitual es que no sea así, la historia (y nuestra vida personal) no cambia por una palabra o por un pequeño detalle. Sin embargo, esa posibilidad es muy rica en la ficción y nos permite cambiar el rumbo del mundo por... ser un mal pintor, por ejemplo.

    Un texto muy sugerente Gerardo.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¿De verdad lo crees? Porque fíjate que soy una persona corriente y vulgar, pero hay momentos de mi vida en los que una minucia (por ejemplo equivocarme de salida en la autovía) lo cambió todo. Me parece imposible juzgar objetivamente el talento de Hitler y más con el juicio de la historia encima. En fin, gracias por pasarte.
      Un abrazo.

      Eliminar
  16. Gerardo, me emociona tu escritura... Perdona si me repito, pero es que siento la necesidad de decirte que me haces sentir muchísimo con tu forma de escribir. Creas belleza, una belleza que se me mete hasta el alma (o la mente, o el tuétano de los huesos, o lo que sea). Además, el tema que tratas en esta entrada me entusiasma. Un sólo hecho, aparentemente insignificante, puede cambiar el curso de una vida, o de varias, incluso de la historia entera. ¡Por supuesto! De ahí la importancia que tienen nuestras decisiones y el hacernos responsables de sus consecuencias. Y, bueno, casi tengo el convencimiento de que Silvio sí se refería a Nievi; demasiadas pruebas circunstanciales lo suscriben. En fin, me quedo con las emociones que me hace sentir ese contraste perturbador que señalas, entre la belleza y el odio o resentimiento. ¡Un besazo enorme!

    P.D. Me encanta tu nueva imagen de perfil. ¿Tocas en algún grupo, Gerardo? Sería un gusto verte alguna vez en un concierto.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No me halagues tanto... ya me está dando miedo publicar una entrada y que me salga un bodrio, jeje. Lo de las emociones es parte también de la sensibilidad del lector, así que no es mérito solo mío. Te agradezco mucho tus palabras.
      Toco la guitarra, sí, disfruto mucho y soy musicómano, especialmente rock y blues. No tengo muchas fotos mías recientes, con los niños ya se sabe y esta la hizo un amigo, me gustó. Tengo un grupillo de pueblo (Lost Fratelli), nada reseñable. Pero si salgo de la llanura, no dudes que te aviso.
      Un abrazo.

      Eliminar