domingo, 5 de julio de 2015

"Carta de una desconocida y Leporella" de Stefan Zweig

Portada de la edición de Clásicos del s. XX de
El País que incluye Carta de una desconocida y
Leporella (foto: libros-antiguos-alcana.com)
El primer título también está en la editorial Acantilado
Carta de una desconocida y Leporella son dos historias cortas de Stefan Zweig. La edición que he leído forma parte de la colección Clásicos del s. XX de El País. También es mi primer libro del malogrado autor austriaco, pero a juzgar por el efecto que ha dejado en mí, no será el último. Su prosa me ha enganchado desde el principio y no he sido capaz de desasirme hasta acabar, con el corazón encogido, cada una de sus historias. Su belleza, lirismo y ritmo narrativo es incuestionable. Podéis leer una sucinta biografía del autor en el blog Latraductora compulsiva, del que extraigo la siguiente reflexión del propio Zweig, que suscribo casi palabra por palabra:

Sólo un libro que se mantiene siempre, página tras página sobre su nivel y que arrastra al lector hasta la última línea sin dejarle tomar aliento me proporciona un perfecto deleite. Nueve de cada diez libros que caen en mis manos los encuentro sobrecargados de descripciones superfluas, diálogos extensos y figuras secundarias inútiles, que les quitan tensión y les restan dinamismo.

En el primer relato, un escritor de éxito recibe un abultado sobre con una carta manuscrita que comienza “A ti, que nunca me has conocido”. ¿Quién puede resistirse a seguir leyendo? Lo que sigue es el despliegue dramático, la confesión de una mujer abrumada por el peso de un amor que nunca le ha sido correspondido, en el momento más aciago de su vida. Desde niña ha amado al escritor, sin éste advertir siquiera su existencia. 

Encoge el corazón pensar en esta débil criatura, herida por la indiferencia, que sólo busca dejar alguna huella en el hombre que ama y al que envía inocentemente un ramo de flores blancas el día de su cumpleaños. La novela se desenvuelve en torno a esta carta, desde la primera línea el lector ya conoce el final y conforme va leyendo, se convierte en un personaje más, confidente de este largo y doloroso monólogo. Parece que esté leyendo por encima del hombro del escritor y aventura cómo este debe sentirse, ante los intensos secretos que la carta desvela y se enerva por su egoísmo. Uno siente rabia, frustración, porque de todo lo que la desconocida desgrana en larga carta, nada puede hacerse, nada se puede evitar ni remediar, no se puede recoger a la pobre niña que espera en camisón sobre el suelo helado para no dormirse y poder contemplar a su amado y convencerla para que renuncie a perderse.

En definitiva, qué difícil es amar y ser amado con la misma magnitud. Qué difícil ser correspondido, ¿puede de verdad uno dar tanto y recibir tan poco a cambio? Quizá en nuestros tiempos este amor platónico, la actitud fatalista del personaje nos resulte incomprensible. Aunque la protagonista no es privada de momentos felices, que incluso parece que compensan todo su padecimiento. 

Al terminar este libro queda uno con la sensación de cuántas cosas, hermosas o graves, pueden estar pasándonos sin que nos demos cuenta. También las ganas de ser amado como el hombre de este libro y amar como ama esta desconocida, aunque sea a costa de sufrir (Pablo D´Ors)

Fotograma de la adaptación cinematográfica de Max Ophüls realizada en 1948 (foto: Pablocine.blogia.com).
Está completa en Youtube en V.O.S., se puede ver pìnchando en la imagen. 
                  
Cierta relación tiene con Leporella la historia de una ruda criada tirolesa a la que la naturaleza ha privado de cualquier atractivo, incluso de la facultad humana de la risa y que deambula por el mundo amasando céntimo a céntimo un pequeño capital, para no tener que vivir del pan de la beneficencia cuando le llegue la vejez. Pero se interpone de nuevo la figura de un hombre y ve crecer en su interior el amor, desbordante, encendiéndose una pequeña llama en su interior, que acaba apagándose por una jugada del destino, que el propio escritor, con buen criterio, creo, no acaba de concretar.

Las dos mujeres creadas por la imaginación de Zweig viven una forma extrema de amor, una pasión que enciende y guía sus vidas pero al mismo tiempo las destruye, como el fuego fuera de control. Sobrecoge pensar que el propio autor también sucumbió de forma dramática a su destino, con fatalismo y pasión, como sus personajes. Desesperado ante el avance del nazismo, decidió, junto con su esposa, poner fin a su vida. Sirva esta reseña como un pequeño homenaje a los dos. In memoriam.  

2 comentarios:

  1. Lo leí de un tirón, con total absorción pues su prosa invita a ello. En el momento más álgido de la lectura, me pareció un amor apasionado; de esos inolvidables, pero luego con el tiempo la historia se revela como una enfermiza obsesión. Me gusta mucho como escribe, su capacidad para encontrar el alma de las historias durante la Europa de entreguerras. Leí un par de sus novelas.
    Un saludo

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    1. Hola Marybel, como te decía este ha sido mi primer libro de Zweig. Hace poco me regalaron "Los ojos del hermano eterno", otra novelita corta concebida como una especie de fábula oriental, según reza la contraportada. Ya te contaré.

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