viernes, 16 de marzo de 2018

QUE VIENE EL GRUNGE

                            Resultado de imagen de nevermind nirvana camiseta

Cuando era niño, en la cocina de mi casa había una pequeña radio. Mi madre sintonizaba la emisora local, donde pinchaban una y otra vez los hits del momento. Al contrario que mis ídolos musicales, que crecieron escuchando jazz y rhythm and blues, lo mismo en la radio que en un burdel, la banda sonora de mi infancia fue más prosaica. Junto al reproductor de casetes siempre había alguna cinta con las mejores muestras de la canción melódica. Es lo que tenía mi padre, podía ser más bruto que una reja con vertedera, pero en el fondo era un romántico. En la cúspide de esta pirámide, como el embutido y la carne procesada, reinaba Isabel Pantoja. Viendo la portada de sus cintas, me parecía una señora guapa, con algo de barba y pecho prominente. Un alma cándida que cantaba letras de amor, la desamparada viuda de un torero. No imaginaba, con mis escasos cinco o seis años, que guardara el dinero negro en bolsas de basura.

Por allí andaba también Julio Iglesias, sobre el que sobran las palabras y un cantante que se hacía llamar El Puma. Desde niño he sido propenso a sufrir ataques de melancolía. Cuando me sobrevenía uno de ellos, me dedicaba a vagar por las eras desoladas, entre los brotes de trigo irredento, escuchando el eco lejano de los perros, inventando al compás de la música de la radio letras donde relataba mi vida sin sustancia.

Durante este periodo de aprendizaje hubo también flamenco al calor de la lumbre los domingos de invierno, la boca llena con un pedazo de longaniza cocinada entre las brasas, sorbiendo a escondidas de la bota de vino tinto. Redondeaban la función las sintonías de los dibujos animados, la música de los anuncios y las series de televisión. Mi favorita era la del Equipo-A, con el redoble de caja al principio, la melodía principal con las trompetas y después la guitarra eléctrica acompañada del piano, en fin, una pequeña joya.

Estos momentos musicales se llegaron a entremezclar con un incipiente deseo sexual, sobre todo cuando presencié de manera subrepticia la actuación de Sabrina, sobrecogido por el silencio de los adultos varones que en la habitación se hallaban petrificados frente al televisor. Las canciones infantiles eran positivas y luminosas, se memorizaban fácilmente y siendo ya mayor me divertía añadir palabras obscenas o modificar la letra a mi gusto. Con toda probabilidad me ayudaron a interiorizar la escala mayor natural.

Por supuesto, carecía de cualquier tipo de destreza musical. Según me han contado, en el colegio a mi madre le dijeron que tenía facilidad para entonar e inventar melodías y para el dibujo, porque reproducía de manera bastante fidedigna para mi edad todo lo que veía, incluido al profesor de la entonces llamada gimnasia. Abortada la posibilidad de aprender música de manera reglada, optaron por llevarme a dar clases de dibujo con una señora mayor, casada, pero sin hijos y que me acogió como el suyo propio, dedicándome mucho tiempo, pero sin lograr dar al mundo otro Antonio López. Murió en un accidente de autobús junto con su tía octogenaria, recuerdo ir al entierro acompañado de mi madre. Su casa fue demolida para levantar pisos y me pregunto qué fue de aquella foto de primera comunión que mis padres le regalaron y que colocó orgullosa en el aparador de la entrada.

Abriéndose paso junto con la adolescencia, bregando contra el techno-pop que pinchaban en las discotecas y el bochorno al ejecutar la coreografía del Saturday Night para poder arrimarse al racimo, en medio de todos estos elementos adversos apareció un día un compañero de colegio con una camiseta que me atrajo como un imán. En ella aparecía un bebé de pocos meses sumergido en una piscina, tratando de alcanzar un billete de un dólar prendido de un anzuelo. Estoy seguro que no fui el único si afirmo que aquello supuso un giro copernicano en mi idea de lo que la música era o debía ser. Me identificaba con Kurt Cobain, su voz desgarrada, la distorsión y el ruido, despertaba en mí emociones y sentimientos reprimidos. Aquella música era un espejo donde mirarme. El vacío y la banalidad del techno, las melodías almibaradas de la música melódica que escuchaba mi padre, por ejemplo, eran un apósito: algo extraño, castrante, sin vida. Pero Nirvana era como mi sombra, porque se proyectaba a partir de mí mismo y era un reflejo aproximado de lo que yo sentía. En medio de la tormenta adolescente, conseguí divisar un faro hacia el que nadar y ponerme a salvo, un punto de apoyo para dejar de bambolearme y descubrí que se llamaba música Rock y que había más y que Nirvana era algo nuevo, que calificaban como Grunge, qué sabía yo. 

Ese compañero de clase se llamaba Víctor. Había vivido en Madrid, era dos años mayor, iba en moto, llevaba un largo flequillo teñido de rubio con agua oxigenada y pendientes de aro. Andaba siempre con chicas detrás en procesión, como si fuera el flautista de Hamelín. En fin, cumplía todos los requisitos de cualquier chico malo, y por alguna razón permitía que hablara con él o compartiéramos un cigarrillo de vez en cuando. En otra de sus camisetas, con la efigie de la estatua de la libertad, descubrí que la mayor banda del mundo eran los Guns N´ Roses y que la gente llenaba estadios, miles de personas, ¡solo por verlos! También que el mejor grupo español, en opinión de Víctor, era Barricada y un grafiti en una tapia acabó de refrendarlo. Años más tarde estrelló su moto contra un muro, dejando un cadáver joven, condenadamente joven. Es extraño pensar que las personas que me iniciaron en el arte murieran de esa forma violenta, pero así es la vida, te estalla en las narices como una bomba si apenas rozas, con intención o sin ella, el cable equivocado.

24 comentarios:

  1. Es precioso el relato a pesar de que esas músicas me dicen muy poco (soy muy poco musical y condenadamente negada para el dibujo o la pintura). Todo mi arte se fue en disfrutar cuando me cuentan una historia. La tuya me ha encantado.
    Me entran tentaciones de preguntar si es un simple relato o si es más bien una memoria un tiempo pasado y que se recuerda con algo de melancolía. No pregunto. Conocer la respuesta, lo dejo al azar.
    Un beso.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No me negarás que algo de arte si tienes, aparte de tu sensibilidad lectora, escribiendo y reseñando.
      De lo vivido se recuerda tan poco en comparación (un minuto entre cientos de miles), es todo tan fraccionario, tan difuso, que tengo la sensación, cuando recuerdo, de estar inventándomelo casi todo. Esa es mi respuesta a tu pregunta, como ves, estoy hecho un lío, jaja.
      Un abrazo.

      Eliminar
  2. Buena tarde Gerardo, qué preciosa evocación de tu iniciación musical. Creo que muchos compartimos esos ritmos que nos llegaban a través de las radios que, en mi caso, estaba en la cocina acompañando las labores del lugar. Con la adolescencia entre todo lo que se descubre, está la música que nos identifica. Muy agradable leer tu escrito. Feliz resto de día y buen fin de semana.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Tienes razón, aunque en las nuevas generaciones hay una idea menos romántica de la música. No digo que haya desaparecido ese impacto, pero se ha minimazo en comparación con otras plataformas. Una pena de nostalgia.
      Abrazos.

      Eliminar
  3. Buen rato he pasado con tu recorrido vital al son de las cintas de caset, El Puma y demás avatares… aunque el tema de las muertes deja cierta desazón.

    Ya que mencionas a Sabrina, empezaré por ahí. Estuve trabajando en A3 Televisión (entre el 94 y el 2003), hice una temporada el “Sorpresa, Sorpresa”, asignado a exteriores con la unidad móvil, el caso es que preparamos una “sorpresita” a un albañil que, junto a la cuadrilla, estaba trabajando en un subterráneo de la C/ Rubén Darío, Madrid… Sabrina iba a bajar ahí y cantarle el “boys” al albañil cuando volviese al tajo. Yo estaba de operador de equipos robotizados e iluminación y, fotómetro en mano, tuve que hacer varias mediciones de luz ambiente, a veces con el fotómetro pegado al cuerpo de Sabrina mientras ella ensayaba un poco, y otras siguiendo sus pasos… mis amigos me tenían mucha envidia, claro, y encima me pagaban bien. Joder, visto ahora que chabacano era todo eso, qué cutre!!

    Mi hermana, mi hermano y yo hemos crecido escuchando música, muchísima de casetes, la radio, vinilos. Mi padre sigue siendo un melómano sin remedio, toca muy bien la guitarra y cantaba igual de bien. Era de gustos eclécticos, en un mismo día podíamos desayunar con Sabina, Nicola di Bari, María Jiménez, almorzar con El Lebrijano, Camarón, ¡también el Puma! y cenar con Nat King Cole, Matt Monro, Engelbert Humperdinck, Nino Bravo… sin olvidar a Julio Iglesias (siendo un mocoso no me cansaba de escuchar su versión del Sweet Carolina, del gran Neil Diamond). Bueno, y me dejo muchos por ahí.

    Echando la vista atrás, puedo decir que le debo muchas cosas buenas a la “banda sonora” que me ha ido acompañando por el camino.

    ¡Qué no pare la música!

    Un placer leerte, amigo Gerardo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Buenas y entrañables anécdotas, Paco. Con lo de Sabrina me troncho, qué ingenuo aquello de "Sorpresa, Sorpresa". Hay cierta sensación de extrañeza en evocar esos cercanos pero lejanos noventa, lo mismo pasa con las películas. Como sociedad hemos cambiado muchísimo. La transformación da vértigo. Suelo pensar, perdón por la deriva, en la primera ciudad de la historia, Catal Huyuk. Estuvieron dos mil años haciendo lo mismo, sin apenas cambios perceptibles. En la era industrial, cada generación casi no reconoce a la anterior, ¿qué tiempo vivirán nuestros hijos?

      Me envidia tu banda sonora, Paco. Yo soy bastante ecléctico, escucho de todo, pero mi base siempre ha sido el rock y derivados o afines. Espero que hayas seguido a tu padre con la devoción guitarrera.

      Un abrazo.

      Eliminar
  4. ¡Que bueno Gerardo, con este relatito tuyo, me ha hecho recapacitar, sobre la banda sonora de mi infancia, es curioso porque en mi casa "siempre primaba el directo" no es que no tuvieramos " arradio" que aunque eramos muchos y pobres pero para eso llegaba, pero en mi casa todos cantabamos: mi padre presidiendo la mesa familiar con el Ya con todos los bordes con su firma( aprendio a leer y a escribir después que mis hermanos mayores) en realidad pienso sabía escribir su nombre y poco más, pero despúes de la cena raro era la noche que no cantaba, por supuesto flamenco. Mi madre cantaba todo el día ( algún día habrá que analizar porque las amas de casa de los años 50 y 60 cantaban tanto cuando "hacian la casa". Todos mis hermanos canturreaban todo el día. Y yo siempre estoy cantando, cuando alguien me señala y me dice: que contenta estas que estas cantando, siempre respondo lo mismo, Yo canto siempre, cuando estoy contenta y cuando estoy triste.¡ Menudo rollo te he metido! Pero la culpa la tienes tu, porque con tus palabras, me has removido recuerdos. Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me ha encantado tu anécdota, una casa con todo el mundo canturreando. Mejor que delante de una pantalla, como ocurre ahora. Eso que se dice de la banda sonora de nuestras vidas, tiene su parte de verdad. Nunca he entendido bien lo de asimilar las ganas de cantar a estar contento. Más bien, la canción es una rabia o un desahogo. Si acaso un pasatiempo, pero para la felicidad, siempre asocio más la risa. Cosas mías.
      Un abrazo.

      Eliminar
  5. Una manera muy bonita y en cierto modo poética de recorrer una vida (la de un personaje ficticio o la tuya, no me quedó claro, pero tampoco es importante para el relato) a través de la música que se escucha según la edad.
    Esa banda sonora que va cambiando según crecemos dice mucho de nosotros. Creo que junto a la manera de vestir, de decorar la propia vivienda y de las lecturas, la música que uno escucha da información de la forma de ser una persona.
    A la vez, este relato me ha animado a recordar qué escuchaba yo de pequeña y no lo recuerdo. Sé que a mi madre le gustaba oír la radio, eso sí, y de mi padre algo de un tal Luis Mariano. Tan solo empiezo a ser consciente de "mi música" cuando oía a Police, The Pretenders o U2, pero antes ni idea.
    Un abrazo, Gerardo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. En realidad es un texto que escribí hace años, inspirado por un libro de Nick Hornby ("37 canciones"). En ese libro se hace un repaso de canciones y recuerdos entrelazados, es una especie de músico-biografía. Me resulto entrañable y lo quise imitar, pero me quedé en los entrantes, jaja.
      Un abrazo.

      Eliminar
  6. Evocar el recuerdo de la través de la música escuchada en la radio y en el cassete. Con el paso del tiempo cambian las músicas , los grupos y las bandas sonoras. Pero la música nos acompaña para alegrarnos o relajarnos según el momento. Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es verdad que esta banda sonora cambia, pero hay melodías que quedan ancladas y nunca se olvidan. Esas canciones que te recuerdan a otros y a tí mismo.
      Un abrazo.

      Eliminar
  7. Hola Gerardo
    Me has hecho recordar esos casettes y los problemas que teníamos con mis hermanas para grabar las canciones que nos gustaban sin que hablara el locutor de radio...era tan complicado jajaja y vaya cortes nos quedaban. Ahora no sé si eso sería legal o sería piratear música, en fin y ese éxito musical de Sabrina, ¿por cierto cantó algo más?

    Me has hecho sonreír con este relato en el que la música y las letras han hecho una buena combinación y es que el poder de la música hace que en algunos casos escuches una canción e inmediatamente recuerdes la situación, incluso ahora puedo recordar cancioncillas de dibujos o de anuncios que veía en su momento.
    Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Siguen haciendo lo mismo, en lo mejor de la canción el locutor mete la gamba. A mí también me gustaba grabar videoclips y actuaciones musicales, tenía varios VHS llenos de buena música. Con la música enseguida sobreviene la nostalgia, cuánto nos gusta mirar atrás, ¿verdad?
      Un abrazo.

      Eliminar
  8. Hola Gerardo. Yo también fui abducido por Kurt Cobain. El Nevermind podía estar sonando durante horas. Lo compré en vinilo y lo grabé en cinta para que no se rayase. Después me hice con el CD. Sigue sonando igual de bien que entonces. Grande Nirvana.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Especialmente el de Unplugged in New York, a ese si que le di vueltas y vueltas. Aprendí a tocar los primeros acordes con sus temas. Un grupo atemporal, a los chavales de ahora también les llega Cobain, por algo será.
      Un abrazo.

      Eliminar
  9. Jo, leyendo tu texto me parece que somos de la misma quinta. Ha sido un repaso musical de una vida. Cuántos Raphael, Julio Iglesias, Rocío Jurado y demás cantantes de música ligera llegué a escuchar en el radiocassette de mi madre. Hasta que con los años comencé a escuchar otras que formaran mi propia banda sonora. Por supuesto, incluido el Unplugged de Nirvana.
    Hace poco caí en la cuenta de que la música que suelo escuchar no suele pasar la frontera de los 90. Sería incapaz de nombrar un grupo o cantante de este siglo. Y eso me recuerda a mis padres cuando me decían que la música buena era la que se hacía antes.
    Quizá signifique algo.
    Me ha encantado el texto. Un abrazo!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hace unos años un equipo del CSIC hizo un estudio con inteligencia artificial, analizando más de 500.000 canciones de los últimos cincuenta años. Conclusión: la actual (se refiere a la música de gran difusión, no lo underground) es más pobre, previsible y ruidosa. Hay que tener en cuenta que el reggeaton de los 60, en términos de ventas y popularidad, eran los Beatles, Beach Boys, Pink Floyd y etc. Vamos, que cualquier tiempo pasado si fue mejor. Otra cosa es meterse en Youtube y buscar grupos fuera de los circuitos comerciales, ahí puede que haya más variedad y creatividad que nunca.
      En fin, una de las pocas cosas salvables de mi juventud fue la música, así que estoy superorgulloso de haber crecido en los 90.
      Un abrazo.

      Eliminar
  10. ¡Qué maravilla de post! Cuentas toda una evolución de la que han sido "testigos" tus oídos.
    Me han hecho sonreir muchas de tus expresiones, como lo de llamar (se nota que con cariño) "bruto" a tu padre, lo de la barba de la Pantoja (es curioso, nunca me dí cuenta) o lo de prohibido decir hoy en día "gimnasia" (Dios nos libre)l

    A Guns'N'Roses los conocí a través de mi hermano, que también los escuchaba.

    Me he divertido mucho, Gerardo.

    Besos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hay tantas cosas hoy día que uno no puede o no debe decir, jaja. Buena influencia musical la de tu hermano, Chelo. Los Guns marcaron a una generación, todavía si pongo alguna canción me gustan. Estuvieron en Madrid hace unos meses y al parecer se salieron.
      Un abrazo.

      Eliminar
  11. Te ha faltado mencionar el radiocasette granate que había en mi casa y en el que escuchaba la lista de los 40 principales junto a mis hermanos los sábados por la mañana mientras, supuestamente, hacíamos los deberes sobre la mesa de la cocina. Con él, ellos, que son mayores que yo y por tanto ostentaban el poder y el monopolio sobre todas las cosas, grababan canciones en aquellas cintas que rebobinábamos con el boli bic a las que luego les hacían carátulas caseras. Vamos, que pareciera que te hubieras infiltrado en nuestro antiguo piso, has descrito a la perfección la banda sonora de mi infancia y adolescencia y supongo que también la de unos cuantos más.
    Final abrupto el de tu memoria o relato, pero me ha gustado ese contraste entre la nostalgia y lo cruda que se muestra a veces la realidad. También lo de dar protagonismo a esas personas que se cruzan temporalmente con nuestras vidas y que pueden tener más importancia en ella que la que podríamos suponer.
    Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. El mío era negro, jaja. Y como hermano mayor fui el inductor. De hecho, con sus variaciones, mis hermanos han seguido la misma senda musical. La nostalgia puede ser muy cruda, yo cada vez que recuerdo es para sufrir, sobre todo por tantas y tantas cosas que se ha tragado el olvido para siempre.
      Un abrazo.

      Eliminar
  12. Al contrario que mis ídolos musicales, que crecieron escuchando jazz y rhythm and blues, lo mismo en la radio que (en) un burdel, 

    Hay hambre, Don Gerardo, porque nos hemos comido la prepo mientras escribiamos la entrada, por cierto muy dinámica y de algo vinculado al arte de escribir: la música. Yo escribo con musica, trabajo con música y no sé vivir sin ese invento, la verdad.

    Guns N´ Roses: uno de mis favoritos, aunque yo tengo unos gustos muy diversos en lo musical que.van desde loa grandes.boleristas hasta los punteros del jazz. Entre ambos puntos hay una jungla tremdnda que abarca por ejemplo la ópera, (pues sí).

    En fin, que nos.sigas deleitando.con tanto entretenimiento, que es al fin y al cabo uno de los factores por lo que se lea: divertirnos.

    Abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Enmendada la errata, vaya ojo tienes. En mi caso, suelo separar música y escritura. Es curioso. Me gusta escuchar con atención y las temporadas en las que no me pide el cuerpo escribir dedico esas horas a la guitarra o a buscar nuevos grupos. También soy todo un señor ecléctico. Tengo una colección de ópera en DVD y un libro en mi estantería en plan "ópera para torpes", para que veas, jaja. Me encanta el Macbeth de Verdi y Electric Ladyland de J. Hendrix a la par, ¿por qué no?
      Un abrazo.

      Eliminar