sábado, 5 de noviembre de 2016

PASÍFAE EN UN PASO DE PEATONES



Resultado de imagen de paso de peatones con semaforo mujer cruzando

Fue en un paso de peatones con semáforo. A pesar de que estaba en verde, no perdía de vista la furgoneta negra que, encabezando una larga fila de coches, reducía la marcha para no parar. Los peatones cruzaban con paso marcial en ambas direcciones. Disponíamos de apenas diez segundos, al compás del pitido carcelario del semáforo. Vigilando la cuenta atrás proyectada en la pantalla, un muñeco verde se deslizaba bajo los números.

Diez, nueve, ocho…Y entonces chocó conmigo, pero no de manera fortuita sino con toda intención, porque fue algo tan leve y contenido como una caricia. Siete… Ralentizó la marcha y me miró de reojo y yo también la miré, alargando lo que pude esa décima de segundo, que en algún universo paralelo duró un siglo.

Seis, cinco… Seguí caminando, sin voluntad, como una hoja arrastrada por la corriente y sin mirar atrás, no sé por qué. Cuatro, tres… Llegué al final del paso y entonces sí, me di la vuelta. Zapatillas de deporte, un estrecho pantalón corto de lycra, camiseta rosa fluorescente con el número 20. Dos, uno… El muñeco pasó del verde al naranja y finalmente al rojo. Luego se quedó estático, imitando mi pose escrutadora.

Me concentré en el vaivén de las caderas de la joven, que pronto se perdería inexorablemente, engullida por las fauces de una inoportuna esquina. Y sucedió algo milagroso, porque justo entonces se detuvo y quizá advertida por los ojos de su nuca, giró la cabeza exhibiendo su perfil de nariz afilada, frente alta y labios pequeños de princesa minoica y clavó sus ojos en los míos, lanzando un dardo sobre mis pupilas, que se cuartearon como si fueran de cristal.

Ahora los coches atraviesan el paso de peatones. Un operario conduce una furgoneta cargada de material de construcción, mientras por detrás, en un coche familiar, un padre con expresión hastiada chasca los labios. Sus dos hijos adolescentes se entregan con frenesí a sus teléfonos móviles. Una ruidosa moto les adelanta. Súbitamente aparece de entre la bruma un coche tuneado, con las ventanillas traseras tintadas. El conductor reduce la marcha y exhibiendo su brazo hipertrofiado fuera de la ventanilla, me mira con desdén y estira el cuello hacia la esquina donde se ha perdido mi princesa Pasífae. Resoplando, se aleja convertido en un toro blanco, hasta que regresa el tac-tac y el muñeco vuelve a deslizarse como si fuera en patines y comienza de nuevo la cuenta atrás, diez, nueve, ocho…

22 comentarios:

  1. Maravilloso relato al ritmo lento, pero breve, de un semáforo. Mucho se transmite en tan poco tiempo, en tan pocas palabras.
    Un beso.

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    1. Gracias, Rosa. Yo soy de los que, como en el Fausto de Goethe, a veces me gustaría decir: "instante, detente...¡eres tan hermoso!".
      Un abrazo.

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  2. "Corto y pego" el comentario de Rosa. Un Abrazo.

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    1. Gracias por dedicarme un ratillo, Pura. Un abrazo.

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  3. Observar la vida, aunque sea tan fugaz como esos segundos que transcurren de un color a otro, observar e imaginar esos momentos que pasan a nuestro alrededor.
    Disfrutar de las pausas, por más breves que sean e intentar relajar el ritmo acelerado que todos parecen querer contagiar, eso es lo que me ha traído tu relato.
    Un saludo

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    1. Yo creo que el acto de leer y también la escritura consisten en eso, en pararse a mirar y dilatar el instante. Curiosamente uno se siente más vivo así que corriendo y haciendo varias cosas a la vez.
      Saludos.

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  4. Diez segundos muy bien aprovechados. Qué bien describes cada detalle que hay en la escena que se da en tan corto espacio de tiempo.
    Da que pensar, pues el ritmo vertiginoso de nuestras vidas nos impide captar momentos llenos de belleza, como ver cruzar a una princesa en el caso del protagonista de tu relato.
    Por cierto, Pasífae era la hermana de Circe ¿no? ;)
    Un saludo, Gerardo.

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    1. Ahora que lo dices sí, lo acabo de comprobar. No había caído, jaja. Mirar y estar en el mundo nos permite disfrutarlo, en cierta medida es una forma de controlar el tiempo también.
      Saludos.

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  5. Una historia puede surgir en cualquier momento, en cualquier lugar y en cualquier instante. Lo importante es estar atento a los detalles: a los del decorado, que sustentan la narración y le aportan verosimilitud, y a los propios de la historia, tal y como sucede en tu relato.
    Me alegra ver que has superado el bloqueo, y no lo digo sólo por este relato pues no sé si es reciente o lleva tiempo escrito, sino porque veo que estás leyendo a Landero. Espero que lo estés disfrutando.
    Un abrazo

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    1. El relato tiene unos dos años, es de lo primero que escribí. Estoy haciendo poco a poco una labor de revisión.
      En cuanto al libro de Landero ya lo he acabado, ha sido un gustazo dedicarle una la lectura profunda (lo de la reseña, siendo un libro que la crítica ha analizado a fondo no me atrevo). Aunque ha tenido que ver el insomnio por el cambio de hora, jaja.
      Un abrazo.

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  6. Me fascina como de un momento en apariencia banal puede surgir literatura. Muchas gracias por el relato. Y también por presentarnos a Pasifae; investigando en wikipedia, aprendo que era, además de hermana de Circe, esposa de Minos, y mamá de Ariadna y el Minotauro. Como para cruzar el semáforo de vuelta y seguirla hacia su laberinto, perdón, casa.

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    1. Una mujer complicado Pasífae, de las que conviene no seguir pero que inevitablemente nos atraen.
      Saludos.

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  7. Un gran relato

    http://ladydeathpoet.blogspot.com.es

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  8. Excelente relato. Cuentas toda una historia en los compases de los segundos que tarda un semáforo en pasar del rojo al verde. he logrado ver a Pasifae y esa mirada me ha puesto la piel de gallina.
    Felicidades!!

    Un abrazo!

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    1. Si has conseguido verlo, entonces objetivo superado porque precisamente es lo que trato de hacer cuando escribo, dar visibilidad a aquellas cosas que solo tiene existencia en mi cabeza.
      Un abrazo.

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  9. Bueno, nunca he dudado de que entre tus prosas hay un poeta muy tímido escondido. Y este texto me lo sigue confirmando.
    Abrazos Gerardo, me encanta leerte.

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    1. Un aficionado a la poesía, no lo dudes. Lo de poeta ya son palabras mayores. Por mi parte, me encanta que te pases por aquí y dejes tus impresiones.
      Un abrazo.

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  10. Qué relato tan sugerente. Me ha parecido muy bello. Sin duda, seguiré leyendo tus entradas. ¡Gracias!

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    1. Gracias a ti, te puedes pasar por la llanura cuando quieras. Como si estuvieras en tu casa.

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