domingo, 25 de octubre de 2015

UNA HISTORIA CORRIENTE

Madre e Hija (detalle del cuadro Las Tres Edades de la Mujer), c.1905 Obra del gran Gustav Klimt.
Madre e hija, detalle del cuadro de Gustav Klimt Las tres edades de la mujer (fuente: brotebrote.wordpress.com)
Hay enfermedades más literarias que otras. Por ejemplo, las grandes pandemias, reales o inventadas. Un agente patógeno desconocido se difunde de manera implacable, arrinconando a la humanidad. La sola mención de la peste negra evoca el Apocalipsis. Un virus imaginario infecta a los hombres, los transforma en cadáveres andantes o les deja ciegos, sin posibilidad de redención. El libro es llevado a la gran pantalla y millones de personas tiemblan, se estremecen, incluso ríen contemplando el mal ajeno. Desde la Biblia, la plaga es carne de ficción. ¿Y qué decir de la enfermedad mental? Depresión, trastorno bipolar, esquizofrenia: reyes carcomidos por los celos y la envidia, dictadores lunáticos, manicomios donde ni Dios escribe derecho; todos han sido pasto de la creatividad literaria. 

Sin embargo, es muy difícil hacer ficción sobre esa enfermedad llamada cáncer, que se manifiesta como Zeus en las más diversas formas, especialmente si la has padecido. He escrito esa palabra, acentuada, y me he quedado rígida frente al teclado y toda la historia que había construido en mi mente y que quería contar se me ha venido abajo. Se ha disuelto la trama completa y en su lugar ha aparecido, como los faros de un coche que emerge de súbito entre la niebla, el momento de mi diagnóstico. 

Fue una mamografía rutinaria, que por mi edad el médico me aconsejó (con vehemencia, todo sea dicho) que me hiciera. Hoy doy gracias porque me permitió ganar la suficiente distancia como para que la muerte me rozara con sus cuernos sin llegar a cogerme. Pero en aquel momento, solo escuchar la palabra me hizo sentir un escalofrío. Quizá fue un pálpito o la simple sugestión, por todo lo que implica una prueba que puede arrojar la evidencia palpable de que en tu cuerpo se está gestando una enfermedad terrible, de la que, como la hoguera de la Inquisición, no se habla, pero existe y afecta y siega la existencia de muchas personas en todo el mundo.

Mientras contemplaba a mis hijos jugando en los columpios del parque me vino un acceso de llanto, que disimulé bajo las gafas de sol y estuve todo el día como mareada, sin dejar de pensar en el ceño fruncido del médico que me realizó la prueba al palparme. Como tiendo a ser obsesiva, lo dejé pasar y en unos días toda esa angustia inicial había sido tragada y digerida. Hasta que una mañana, comprobé que tenía una llamada perdida en el teléfono móvil y al pulsar la rellamada me contestaron desde la centralita del hospital y todos esos números, ese batallón de números, se transformaron en palabras: “lo siento, es cáncer”.

Si, es difícil extraer una historia de lo vivido sin caer en la visceralidad. Me cuesta verlo desde lejos, con distancia, porque todavía puedo palparlo, notar sus huellas en mi cuerpo. Se fue, o quizá espera en su guarida, aletargado, royendo mis entrañas. Lo malo fue dar resonancia a aquella noticia. Notar su garra apretando la garganta de mi marido, ahogándolo hasta la inconsciencia. Me sentí como los heraldos negros de César Vallejo: hay golpes en la vida tan fuertes. Golpes como del odio de Dios. Con aquella noticia golpeaba a mi familia, aplastaba a mis hijos, que no entendían pero ya sabían lo que era tener a su madre enferma, lo que era verla vomitar y perder el pelo y arrastrarse por el pasillo tanteando las paredes y agarrándose a los pomos de las puertas para no caerse. Me sentía como un martillo, ese sentimiento de culpa me arrastró mar adentro y casi me ahoga.

Quería haber contado una hermosa historia, la de una mujer amenazada por la enfermedad, que sublima sus sentimientos y desde el primer momento lucha como una heroína, como la mujer del cuadro de Delacroix, que sostiene la bandera de la libertad entre las bombas y se levanta sobre los cascotes de la barricada, con el pecho desnudo, expuesto sin miedo a las balas. Sin miedo al cáncer. 

Pero no. Yo tuve mucho miedo. Padecí el terror que se siente ante la amenaza de tener que abandonar este mundo dejando cabos sueltos, con dos hijos pequeños, desvalidos, apenas destetados. Ese mismo pecho que les había amamantado ahora me empujaba hacia la tumba. Quería haber contado una historia que infundiese valor, que pudiera ser expuesta como ejemplo. Que provocase comentarios de admiración. Que quién la leyera sintiese que los enfermos de cáncer son héroes rocosos, mutantes con superpoderes: el poder de resistir y bregar con la muerte, el poder de sobreponerse a la adversidad, el poder de hacer brotar la semilla del optimismo en el menos fértil de los suelos.

¿Cómo puede algo que afecta a tantas mujeres ser tan invisible? ¿Por qué nuestra sociedad no afronta la enfermedad y la rechaza como un escollo improbable, cuando es una protuberancia más en el camino bacheado de la vida? La unidad de oncología no era el pabellón vacío que expone el cine, donde flotan los pensamientos de los enfermos como luciérnagas. Había muchas mujeres como yo. Entre todas me insuflaron fuerzas. Su aliento hinchió las velas de mi autoestima, que permanecían varadas en una calma que hubiera aprovechado la muerte. Entonces grité como Tarzán y me sostuve en mi familia para poder andar. Asumí el tratamiento, que devoró mi cuerpo, marchitándolo. Pero yo aguardaba la llegada de la primavera, quería florecer y acompañar otra vez a mis hijos al parque, empujar el columpio: “mamá, que alto” “mamá, que toco las nubes”. Y sentir el abrazo de mi marido, rodeándome como una placenta.

Podría haber contado otra historia, en la cual la enfermedad triunfa y a esa mujer se la traga la tierra. Pero no puedo imaginármelo. Toda la vida tendré que mirar de reojo, es verdad, siempre con la impresión de que me andan siguiendo. Es el cáncer, durante las revisiones, en cada analítica, bajo la ducha. Pero sigo viva y esta palabra, tan simple, tan breve, tan desprestigiada, brilla con una luz diferente después de pasar el viacrucis que yo pasé, que pasan todas las mujeres que superan la enfermedad. Somos legión, nos protegemos entre nosotras, le hacemos, le hicimos frente y triunfamos sobre su cadáver. La adversidad nos ha hecho más felices y más fuertes.

Me gustaría que hubieras leído una historia corriente, con presentación, nudo y desenlace. Una historia con sus personajes, con su trama, con una ambientación bien trabajada. Pero la vida me sale a borbotones y frente al teclado, esto es lo que tengo, mi testimonio, mi luz, una libertad condicional que he ganado a la cárcel de la muerte. Te la expongo, por si un día cae sobre ti o sobre los que quieres el fatídico diagnóstico. Ten fuerza, déjate ayudar, haz por vivir. No puedo decirte más.

"Una historia corriente" recibió el primer premio en el III Certamen de Relato Corto y Poesía AMUMA 2015, que se entregó el 24 de octubre en Ciudad Real. A esta asociación pertenecen los derechos de la obra. Ha sido muy especial para mi escribirla y darle difusión a través de este blog. Os animo a que visitéis la página de AMUMA, para conocer de primera mano su increíble labor. 

Por supuesto, este relato está dedicado a todas las personas (y sus familiares) que han tenido que luchar alguna vez con la enfermedad del cáncer.

19 comentarios:

  1. Gerardo, me has emocionado con este relato tan triste. Y lamentablemente es la realidad, tal cual.
    Aprovecho tu post para reivindicar que hoy día no te hacen una mamografía sin poner obstáculos (en la Seguridad Social) a pesar de que tu ascendente haya padecido cáncer de mama y tengas muchísimas papeletas para que te pase a ti también. (Y te lo digo con conocimiento) Así q lo único que queda y es hacerlo como un ritual, es la autoexploración mamaria, o en su defecto quien pueda acudir a un ginecólogo privado y solicitar la prueba.

    Un abrazo.

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    1. Hola amiga, agradezco tu comentario. Es cierto lo que dices, las autoridades no invierten lo suficiente en detección precoz a sabiendas de que en sus primeras fases el cáncer de mama tiene en general buen pronóstico. Te animo a que sigas con la autoexploracion, en Amuma manifestaron que es esencial hacerlo.
      Un beso.

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  2. Discrepo en una cosa desde mi completo respeto y total ignorancia pues no he sufrido cáncer ni nadie en mi familia (toco madera). Yo sí creo que el cáncer es una enfermedad visible, al menos en comparación con muchas otras. E incluso me atrevería a decir que el de mama es el más visible de todos. Lo que sí puedo entender es que tal vez la visibilidad que se le da no sea totalmente acorde a la realidad.
    Se dice de fulanito o menganita que es fuerte porque ha pasado un cáncer. Cómo si les hubiera quedado otra opción. Creo que es normal sentir miedo, sentirse hecho una mierda por todo el tratamiento, sentirse mal por no poder continuar con nuestra vida 'normal' e incluso culpables por ello, como si tuviésemos que ser un ejemplo de algo para alguien. Sentirse también culpables porque de algún modo la vida de nuestros seres queridos se para para girar alrededor de la nuestra, y sentirse enfadados e impotentes porque el mundo sí que no se detiene y no nos espera.
    A mí me gusta esta historia que se me ha contado porque es sincera y porque no necesito de invasiones alienígenas ni epidemias apocalíticas. La vida ya es bastante inspiración para escribir historias.
    Y me encanta la imagen con la que arranca. Solo me sobra el pelo en la cabeza, pero por lo menos no lleva un pañuelo rosa.
    Felicidades por el premio.

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    1. Agradezco tus aportaciones y tu interesante punto de vista. Si el cáncer de mama es visible es gracias a la labor incansable de asociaciones como Amuma; de todos modos, imágenes como el cuadro de Paco Lafarga siguen causando gran impacto y las campañas publicitarias creo que tienen el mérito de remover e ir concienciando en la necesidad de la detección temprana, porque ya comentaba que según la organización es la única garantía de superar la enfermedad por completo. Estoy particularmente orgulloso de este relato porque por fortuna y crucemos los dedos, no he vivido la enfermedad directamente (si en mi entorno) y el hecho de que un jurado formado por médicos y personas que han padecido y/o están en contacto con el cáncer día y día lo haya valorado ha sido muy especial para mí.
      Un abrazo.

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  3. Magnifico relato con un gran contexto y calidad. Y que triste porque si algo cambia la vida de las personas es cualquier tipo de mutilación. Una realidad de muchas personas que actuan igual. Me gustó mucho esta manera de ligar la memoria de una enfermedad y todas las emociones que se desprenden de tan duro proceso.
    Impactante la pintura...
    Abrazos

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    1. Me alegro que te haya gustado y agradezco tu comentario Marybel. Es un relato escrito con el corazón porque el año pasado conocí una persona que pasó por esas tres fases y me apetecía, casi necesitaba escribir sobre el tema. A mi también me impactó la pintura y además tuve la suerte de conocer al autor.
      Un abrazo.

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  4. Un relato precioso, me has puesto los pelos de punta. Me ha encantado su honestidad; creo que has sabido transmitir perfectamente los sentimientos de muchas personas que padecen cáncer y que comprueban cómo la realidad de la enfermedad no es tan edulcorada como la mayoría de representaciones de la misma nos quiere transmitir, supongo que con afán de plantar siempre la semilla de la esperanza. Yo sí que considero que el cáncer no es una enfermedad a la que se le de una gran visibilidad: me da la sensación de que se habla de ella en susurros, sin querer mencionarla en voz alta, no vaya a ser que la invoques. Quitando los días conmemorativos contra cada tipo de cáncer, uno no se suele tropezar con demasiados libros o películas que hablen sin tapujos de la enfermedad, y no me refiero a caer en el melodrama barato, sino a visionar la lucha tal y como la viven los que la padecen y sus familiares. También en los telediarios y las revistas se dice que alguien "murió tras una grave enfermedad", cuando todos sabemos que se refieren a la palabra con C... Creo que mucha culpa la tenemos nosotros, que no queremos saber nada de esta enfermedad hasta que nos toca: recuerdo que hace un par de años leí un libro donde el protagonista tenía la enfermedad, aunque la enfocaba desde un punto de vista positivo y con cierto humor, y mucha gente me comentó que le parecía una falta de respeto que alguien escribiera algo así, que era una enfermedad muy seria de la que moría mucha gente y que no es tema para la literatura... Así que, como ves, hay tabús que nos los imponemos nosotros mismos. Uys, perdona el rollazo, 1beso!

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    1. Tenemos un punto de vista parecido. Es cierto que a veces se utiliza la enfermedad para lograr un efecto dramático pero sin tratar de entenderla de un modo realista. Como decía en algún otro comentario, es importante darle visibilidad porque en la detección temprana está la clave y las autoridades deberían colaborar en esta tarea. Lo que comentas de los tabúes es muy interesante. Parece que vivimos en una sociedad obsesionada con la felicidad y convertimos la enfermedad en una anomalía, cuando es algo con lo que debemos convivir.
      Gracias por tu comentario amiga, para nada un rollazo.
      Un beso.

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  5. Un relato que contiene un testimonio veraz que estremece. El cáncer es algo muy serio y cada persona reacciona de manera distinta ante su anuncio. No es algo de lo que me guste hablar, ya que en mi casa se ha alojado más de lo debido (por fortuna, ahora estamos a salvo según todos los indicios; pero la amenaza siempre está ahí).
    El cáncer de mama es fácil de prevenir con las mamografías. Además, es de los que tienen un porcentaje más alto de curación.
    Un saludo afectuoso, Gerardo, y gracias por tus palabras en mi "Cobijo".

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    1. Gracias por tu comentario Isabel y ojalá todo siga bien en tu casa. Gracias a que el cáncer de mama como dices tiene un porcentaje muy alto de curación, la labor de organizaciones como Amuma y sus campañas a la larga seguro que salvan muchas vidas.
      Un abrazo.

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  6. Lo primero quiero darte la enhorabuena por ese premio merecidísimo porque la calidad del relato es excelente.
    En cuanto al tema que tocas es de lo más cotidiano aunque en algunos sectores se trate como un tabú aunque no creo que sea cosa del cáncer sino de la enfermedad en general. Durante diez años trabajé en un hospital y pude comprobar que a muchas personas no les gusta que se sepa que están enfermas sea cual sea la dolencia.
    El diagnóstico precoz es importante para prevenir o actuar a tiempo y es lamentable que esta crisis que nos está asolando haya afectado a la sanidad aunque en mi caso me siguen haciendo esas pruebas exploratorias por tener antecedentes familiares. Y es que he visto esa enfermedad muy cerca y al contrario que tu protagonista -que ahí sigue luchando- el final fue fatal, pero esos finales pueden existir y como diría una antigua compañera mía del hospital: no hay nada más arriesgado y peligroso que vivir.
    Excelente relato, Gerardo. Una vez más has conseguido estremecerme.

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    1. Gracias Kirke, me parece muy de sentido común todo lo que dices y lamento que hayas tenido que vivir la enfermedad tan de cerca. La compasión en nuestra cultura no es algo bien visto, entiendo que algunas personas enfermas quieran evitar ese sentimiento hacia ellos. Me quedo con la frase de tu compañera: "no hay nada más arriesgado y peligroso que vivir" y añado que no hay nada más irrepetible y único que la vida, por eso merece la pena luchar y disfrutar de las personas que están a nuestro lado y un día pueden no estarlo.
      Un abrazo, amiga.

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    1. Hola, amiga. Sí, soy el autor, aunque está escrito en primera persona. Me he basado en varias personas de mi entorno que lo han padecido, en concreto en una que conocí a través del trabajo. Me impactó y no paraba de darle vueltas, hasta que escribir esta historia breve, que salió a borbotones, de un tirón. De momento es la mejor manera que encuentro de dar salida a mis emociones.
      Un abrazo.

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    2. Reconozco que tuve dudas, no tenía claro que estuviese escrito por un hombre. Good job.

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  8. Genialmente escrito. Con mucha sensibilidad. Me ha encantado. Besos.

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    1. Gracias por tu comentario, siempre trato de escribir con el corazón. Me alegra haber podido trasmitírtelo. Un abrazo.

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  9. Gerardo
    Felicidades por el estremecedor relato y la manera de contarlo. Me ha impresionado porque es un tema que está tan cerca que aterroriza. Gracias a la detección cada vez se detecta antes y eso hace que a tu alrededor se multipliquen los casos y el miedo te atenace.

    Creo que sí que es una palabra que se susurra bajito, quizás porque sabemos el dolor que lleva aparejado, el sufrimiento de esas sesiones de quimioterapia, ese intentar vivir tirando para adelante cuando el cuerpo no aguanta, ese miedo por lo que hay y por esa lucha sin cuartel, ese no intentar rendirse..y aunque como decían bien el cáncer de mama es de los de mejor pronóstico sigue siendo la palabra maldita, cáncer, para la que no hay manera de hallar la cura definitiva.
    ¿Valientes? Para mi sí, aunque no haya otro remedio como algún otro comentario decía, pro hay maneras y maneras y para mí, sí hay gente muy valiente que con una sonrisa no deja de luchar y lo consiguen. Claro que sí.

    Un saludo

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    1. Gracias por tu comentario Conxita. Estoy de acuerdo contigo, es algo de lo que nadie quiere hablar por el miedo que genera. La manera de afrontar la enfermedad, con ese valor y determinación. dice mucho.
      Un abrazo.

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