viernes, 2 de octubre de 2015

LAS VENTANAS SUCIAS DE LA INFANCIA

"Les taches solaires", fotografía de Alastair Magnaldo (bashny.net)

Distingo el sol de la infancia,  en el recuerdo que brota sobre el campo abonado de soledad esta tarde.

Es un tallo negro y triste,  sin flor.

Se yergue escuálido levemente iluminado y se marchita su murmullo cuando un ruido me distrae el pensamiento.

Y aunque una brisa mundana lo ha arrastrado hacia el desagüe queda el halo de sus hojas, la raíz hundida, su aguijón inflamado de palabras.

Lo veo mientras escribo:

Un niño, despierto en el silencio. Fugitivo de sí mismo, herido de sombra, rezando
para evitar la muerte.

Le abandono en su temblor.

Solo queda su mirada de súplica, la espuma de sus ojos creciendo desbocada.

Es un reflejo, un brillo lejano apenas perceptible tras las ventanas sucias.

Pero me deslumbra, me agota.

Me llena de miedo incontrolable.

22 comentarios:

  1. Un niño apagado es una de las situaciones más tristes que se puede dar. Gracias. Un saludo.

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    1. Hay infancias que transcurren en la infelicidad más absoluta y es pavoroso pensarlo, porque esos niños serán en un futuro hombres.
      Gracias por dedicarme un rato y comentar
      Un saludo.

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  2. A mí también me ha llenado de miedo ese niño. Desde luego sabes cómo llegar al lector ¿Hay una continuación? porque me ha dejado mucho desasosiego este relato, la verdad. Y preocupación por el destino de ese niño.
    Un abrazo.

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    1. Hola Kirke. Ese niño ya es un adulto, más o menos normal. En esta especie de poema en prosa recuerda el momento en el que tomó conciencia de la muerte, siendo muy pequeño y ese miedo que uno siente al asomarse por primera vez a ese abismo.
      Un abrazo.

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  3. Es un poema muy hermoso y sentido, Gerardo. Al leerlo he pensado en la dureza de la niñez y digo dureza porque crecer es ir tomando conciencia de lo que de verdad se nos avecina. Bueno, bueno...., fuera, fuera..., me ha salido la vena transcendental..., pero es que tu poema es profundo.
    Escribes conn mucha verdad y sentimiento.
    Un abrazo

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    1. Gracias Juan Carlos, muy amable tu comentario. La verdad es que, esté mejor o peor, siento al máximo todo lo que escribo.
      Un abrazo.

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  4. Hay algo, diría que como una incomodidad dosificada que provoca sobresaltos de distinta intensidad. Muy bueno.
    Un abrazo

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    1. Hola Marybel, agradezco tu comentario. Un abrazo!!

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  5. Hermoso, Gerardo. El miedo es tan pernicioso como extendido está entre las personas. Y los niños también saben de miedos. Pero siempre hay mucha sensibilidad detrás de un niño que tiembla.

    Un abrazo

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    1. Gracias Ana. Especialmente ese primer miedo, que es certeza también y que implica la muerte.
      Un abrazo.

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  6. Al niño que fuimos deberíamos dejarlo salir a menudo, aunque tal vez el adulto que somos no sería capaz de sostener siempre su franca mirada.
    Es precioso. Triste, profundo, pero precioso.
    Besos!!

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    1. Eso que dices también es muy bonito, confrontar al adulto con el niño que fue. Gracias por leerme amiga, un abrazo!

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  7. El sentimiento de miedo del niño se ve intensificado por el del adulto desde la distancia. El recuerdo hace doblemente duro el momento de la huida temerosa. Bueno, esta es mi lectura al menos. Muy bueno.
    Un abrazo,

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    1. Y es una lectura muy interesante. Los miedos, al revivirlos, aunque sea en la distancia y con el paso de los años, tienen esa capacidad de crecer y pueden llegar a engullirnos.
      Un abrazo.

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  8. La infancia o la indefensión. No solo la infancia, claro, pero qué aguda y auténtica es en esos años. Sobre todo, cuando los ogros escapan de los cuentos.

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    1. Nunca me han atemorizado tanto los malos de los cuentos como cuando era un niño. La imaginación infantil es terreno abonado. Y esa situación de indefensión, no solo física, es lo que hace a los niños tan vulnerables.

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  9. la inocencia perdida entre campos, calles y cuentos sion finales felices. Bello poema y un mapa para buscar a ese niño tembloroso que somos...

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    1. Gracias Shom Obbet, esa búsqueda del niño que somos a veces es hermosa, pero otra nos enfrenta a nuestros abismos.

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  10. Qué poema tan hermoso aunque describa ese miedo infantil a la muerte. Cuando lo descubres, en mi caso también fue en la infancia, resulta difícil manejar esa emoción, demasiado dura para un niño.

    Saludos!!

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    1. El de la muerte es un duro aprendizaje, y más para un niño. Supongo que es porque el ser humano maneja el tiempo (y la vida) sin ser consciente del todo de su finitud. Un saludo, amiga y gracias por tu comentario.

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  11. Me gustó mucho porque es cierto que al recordar nuestra niñez solemos hacerlo de una manera positiva, pero al leerte pude sentir esos miedos de niña que también pasé y que eran múltiples, pero que sin embargo nos guardábamos para nosotros sin la capacidad suficiente aún para poder razonarlos.
    Coincido contigo en el miedo a los personajes malvados de los cuentos, que en mi caso eran inventados por mi padre y eran muy muy malos.
    Un abrazo Gerardo.

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    1. La nostalgia distorsiona el recuerdo de la niñez, pero allí está el origen de gran parte de nuestros miedos de adulto. Los malos de los cuentos darían para un buen ensayo, ¿no crees?
      Un abrazo.

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