jueves, 25 de junio de 2015

No hay que estar triste

Según una investigación del Observatorio Hatento el 47% de los mendigos ha sufrido agresiones y humillaciones, por si no fuera poco vivir en la calle. El 28% de los agresores fueron jóvenes que salían de fiesta  (fuente).

Sublime se peina mojando los dedos en saliva y aparta el pelo que le cae sobre la frente detrás de la orejas, con el melindre del que sostiene la tacita de café y no quiere parecer tosco. Su barba encanecida se enmaraña a lo largo del mentón y describe un remolino de espuma en las mejillas. Sublime perdió la razón no se sabe bien cuándo ni dónde, nunca consideró oportuno buscarla. 

Sublime bebe cerveza en el único bar de la Plaza Mayor donde se lo permiten, a las horas de menos tránsito y a veces compra una litrona o un cartón de vino que comparte consigo mismo. Si tiene necesidad de fumar, pide tabaco con educación o rebusca entre las colillas a medias de consumir y compone con habilidad un cigarro.

Sublime sobrevive en una ciudad de provincias. Los sábados de madrugada recoge las botellas semivacías de whisky, ron y ginebra, que adolescentes ahítos abandonan después del botellón. Para ganarse la vida, utiliza un cartón viejo y una caja vacía de galletas. Durante horas observa su reflejo en el latón como si se asomara a un manantial encantado, mientras las escasas monedas van cayendo como copos de nieve. 

Sublime perdió la razón, nadie sabe bien cómo. Hay quien dice que era director de orquesta y fue en un accidente de moto. Otros hablan de la muerte prematura de un hijo. A pesar de todo, Sublime canta: "no hay que estar triste", mientras sigue un compás imaginario, moviendo la mano como una batuta y suele filosofar sobre las contradicciones de este mundo y otras cosas de menor importancia. 

Cuando cae la noche, Sublime regresa a su casa, léase puente, cajero automático o covacha de cartón. Sus huesos resisten a la intemperie. De cuando en cuando, son removidos por un policía y si está de humor transige, y se instala en un refugio por una o dos noches. Se comprueban los antecedentes, se avisa a la familia. Silencio, labios chascados, excusas. Sublime no aguanta y huye, quizá obedece la voz que merodea por su cabeza como una hiena, royendo el cadáver putrefacto del juicio perdido y nunca recobrado. Hay personas que, sin conocerle, escupen y golpean con odio su cuerpo desahuciado. Sublime se abandona. Se deja morir. Nadie reclama su cadáver. Nadie le ofrece la píldora milagrosa, la ansiada jubilación junto al mar, la partida de dominó en el casino. Sublime es mitad leyenda, mitad realidad. En realidad, solo existe cuando a él le viene en gana.
Foto: miraellitoral.com
Donald Gould bien podría ser Sublime. Este ex-marine norteamericano, después de ver morir a su mujer, caer en el infierno de las drogas y perder a sus hijos, acabó viviendo en la calle y una iniciativa de la ciudad de Sarasota en Florida (EEUU) que ha diseminado pianos por las calles para su uso público, lo ha redimido y la red ha hecho de su música un fenómeno mundial. 

4 comentarios:

  1. Es triste , pero real , nadie debería pasar por esa situación , pero cada uno sabe su vida y las circunstancias que les lleva a que su hogar sea un cajero , o debajo un puente , este relato nos enseña nos enseña un poco la sociedad que hemos inventado en pleno siglo XXI... lo único que me queda decir es REFLEXIÓN

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    1. Gracias por tu comentario Campirela. Como bien dices, es muy triste una sociedad que no solo no reflexiona sobre este hecho tan lamentable y sus causas, sino que pretende esconderlo porque "es malo para el turismo".

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  2. No soy de EEUU, pero me parece nefasto que a cualquier integrante de las fuerzas armadas de un país, no se le trate con el respeto que merece al haber enfrentado los horrores que allí se viven. Que bueno el caso de esta persona al reencontrarse con la música...

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    1. Coincido contigo, Arturo. Al menos Donald Gould encontró la redención en la música y espero que todo ese éxito virtual le haya permitido recuperar su vida y no haya redundado tan solo en el beneficio de unos pocos, como sabemos ocurre a menudo en Internet.
      Un saludo y feliz 2016.

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