domingo, 21 de junio de 2015

"El guitarrista" de Luis Landero

Portada de la edición original, con el cuadro de Picasso titulado
"Los tres músicos" que está en el Philadelphia Museum of Art. 
El guitarrista de Luis Landero es uno de esos títulos ante los que experimento placer por su precisión en el lenguaje, riqueza de imágenes y toda la filosofía subyacente, pero también algo de congoja, como cualquier escritor aficionado cuando se topa con un texto de elevada calidad literaria. Admiración y frustración la del aprendiz frente al maestro.

El libro está escrito en primera persona y tiene un alto componente autobiográfico, según ha expresado el propio Landero:
Y cosas que no he contado porque, siendo reales, no eran verosímiles. La gira que cuento, por ejemplo, la hice cuando tenía 18 años. Empezamos en Guadalajara y acabamos en Alicante, algunos en la cárcel. La parte de París es real también, el restaurante Barcelona existe, yo toqué allí, y los personajes de los que hablo también existieron. Los mimbres son reales, aunque el cesto no lo sea. No me identifico con Emilio, el protagonista, pero hay cosas en él que viví o vi vivir. Trabajé en un taller, la guitarra fue una salida al sórdido mundo laboral.. 
http://www.elcultural.com/revista/letras/Luis-Landero/4241
El protagonista se llama Emilio y es un adolescente que vive con la sensación de haber caído en la trampa de la hormiga león. Con amargura se debate en el hoyo de arena que forman su trabajo como aprendiz de mecánico y sus clases nocturnas para sacarse el bachillerato. Emilio siempre llega tarde a todos sitios y siempre tiene sueño, es serio y de pocas palabras (lo que se dice taciturno). Parece compartir esa visión de la vida teñida de amargo existencialismo, que su extravagante profesor de filosofía le expone en clase cada noche. Un profesor que da su lección balanceándose sobre el alfeizar de la ventana, con un pie en el vacío y que piensa que en la vida todo es bregar, luchar para nada, como el pobre topo, ciego, dedicado a escarbar galerías sin descanso. Pocos alicientes tiene la vida, que no ofrece más que sufrimiento y desengaños.


La famosa hormiga león haciendo de las suyas (Foto: naturalezacantabrica.es)
Hasta que una noche se presenta en su habitación su primo Raimundo, que llega con un mensaje vitalista que cala en Emilio y supone para él un cambio de rumbo. El primo Raimundo, alias “El Niño Brillante”, le describe con detalle su periplo en París, primero como mecánico, esquivando los ataques xenófobos con un libro de poesía de Víctor Hugo bajo el brazo y luego como guitarrista del Barcelona, restaurante español regentado por un exiliado republicano que había combatido contra los nazis durante la ocupación y ahora combatía contra sí mismo, desatando toda su furia en cincuenta y cinco minutos de baile alucinado. La historia de Raimundo desprende una magia que prende en el lector casi al mismo tiempo que en Emilio y en ese momento ya sabes que el libro te ha atrapado por completo. Por desgracia el brillo de Raimundo se va apagando hasta convertirse en una caricatura, que concluye con una delirante gira por Guadalajara (que merecía, por cierto muchas más páginas).

El caso es que espoleado por las peripecias de su primo, Emilio vislumbra una salida y comienza a tocar la guitarra para convertirse en músico y abandonar la trampa de la hormiga león. En ese momento se cruza en su camino don Osorio, el dueño del taller donde trabaja, quien le propone dar clases de guitarra a su mujer. La esposa del patrón es una mujer en edad de merecer, de la que el protagonista se enamora. Sin embargo, Adriana, que así se llama y don Osorio juegan con el pobre Emilio. Es el entretenimiento de dos burgueses aburridos, una situación un poco buñuelesca, con sus equívocos y ambigüedades. En cualquier caso, la relación de Emilio y Adriana me parece algo ingenua, al menos en nuestros tiempos, donde  casi se ha extinguido el juego amoroso interminable como paso previo a las relaciones sexuales. La señora se comporta como si estuviera en la tarima de un teatro y el pobre Emilio está tan perdido que cuando Adriana se le presenta desnuda y le conmina a que sea “audaz”, ni se entera. Parece Emilio un poco reprimido y apenas disimula su complejo de Edipo, las descripciones de la madre, que dicho sea de paso, siempre exhibe infinita paciencia y pragmatismo, superan en sensualidad a las de Adriana y en ellas reside el verdadero erotismo que puede haber en la novela.

Luis Landero: «Si te desbordas sentimentalmente, puedes resultar patético»
Luis Landero en su faceta de guitarrista (foto: abc.es)
Y he querido dejar para el final al personaje del señor Rodó. Un bibliotecario que en su juventud ganó un concurso de relatos: todos alabaron su talento, esperando de él grandes realizaciones, pero esas expectativas, en lugar de espolearlo, le lastraron. Jamás llegó a acabar su primera novela. La extremada exigencia, el miedo al fracaso, le condujeron inexorablemente a la inacción. Así que se dedicaba a garrapatear frases o reflexiones en pequeñas cuartillas hasta altas horas de la noche, guardando bajo llave en una maleta su terrible secreto: nunca sería escritor. La distancia entre lo que se formaba en su mente y lo que era capaz de trasladar al papel era un abismo insalvable. Porque esa distancia sólo se puede salvar con talento. Y con valor, porque el miedo, el excesivo celo en ejecutar las cosas, sólo conducen a la parálisis. 

A pesar de que el señor Rodó se quedó en el camino, urge a Emilio a intentarlo: lo importante no es equivocarse sino haber tenido el valor de elegir. Lo peor es no haberse atrevido al menos a intentarlo. Y le ofrece valiosos consejos si en el futuro quiere emprender una carrera literaria: Un escritor es, más que nada, alguien que posee el don del asombro y sabe transmitirlo. El don de singularizar lo que ve. 

2 comentarios:

  1. Leí esta novela hace muchos años, concretamente en 2002. La verdad es que no recordaba casi nada de ella. Luis Landero es un autor con el que tengo una relación de amor odio porque, efectivamente, escribe muy bien y da gusto leerle por su forma, pero su contenido, a mí particularmente, me resulta muy opresivo, muy claustrofóbico. De hecho tengo su último libro hace muchos meses y cada vez que lo veo entre los pendientes me entra una pereza atroz. Lo acabaré leyendo, claro, y lo disfrutaré/sufriré como todos.
    Gracias por traerme este libro a la memoria.
    Un abrazo.

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    1. Buenas Rosa. Si el libro que tienes pendiente es El balcón en invierno, a mi me pareció inferior a El guitarrista y Juegos de la edad tardía. Es un mero ejercicio de nostalgia. En este sentido, prefiero El guitarrista, porque aunque es evidente el componente autobiográfica, hay también literatura y de esta novela he aprendido valiosas lecciones, especialmente sobre el arte de escribir y la vida en general.
      Ya me contarás si te decides al final y nos ilustras con una reseña.
      Un abrazo.

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